viernes, 18 de diciembre de 2009

TERMINOLOGIA DE LA CULTURA DE LA MUERTE


Autor: Dr. Olga Reyes (Vida Humana)
Fuente: ideasclaras@ffastur.eu
Foto: www.ciudadanosporlalibertad.blogspot.com


El verdadero significado de los términos equívocos que usan los promotores de la cultura de la muerte, para ocultar la realidad de sus fines .

Dentro de la manipulación general del lenguaje que se usa para subvertir el orden natural, un apartado especialmente importante y doloroso es el que tiene como objetivo esconder la verdad sobre lo que prentenden las instituciones internacionales, gubernamentales y privadas, que tienen como fin extender la cultura de la muerte. Para ello emplean algunos términos que vamos a "traducir":

Salud reproductiva:

Reproducirse lo menos posible. Por lo tanto, en estos programas constan todas las formas de mentalización ("los pobres sufren"), la difusión por los medios, información en oficinas médicas, hospitales, centros de salud, sobre la conveniencia y los beneficios de los métodos de control natal incluyendo abortivos como el DIU y la esterilización femenina y masculina. Difícilmente la población, incluidos médicos, enfermeras, trabajadoras sociales, pueden encontrar la contradicción: los daños que producen los contraceptivos afectan la salud física, mental y moral. En segundo lugar, el término reproducción se aplica a los animales. Los seres humanos procrean.

Bajar el indice de mortalidad materna:

Utiliza el control de la natalidad mediante la educación sexual, la contracepción y la esterilización. Posteriormente será con el aborto quirúrgico y químico valiéndose de múltiples resortes de orden político. Por ejemplo se comienza por la:

Planificación familiar:

(Planned Parethood) Comienza con una mentalización, primeramente de profesionales, y luego, difusión por conferencias, seminarios y talleres pagados íntegramente aún en el extranjero. Hoy día se publica por todos los medios de comunicación y por la "educación sexual" para niños y adolescentes, evitando que ésta sea enseñada por sus padres. "Educación sexual" cuyos manuales y sistemas audiovisuales son enteramente materialistas e inciden en la descripción de órganos reproductivos y en el supuesto beneficio de los contraceptivos y de la esterilización. En los países donde el aborto es legal, éste constituye uno de los métodos de planificación familiar que ya se ha introducido en nuestro medio, aunque todavía sea ilegal. En nuestro país se presentan todas las formas de aborto quirúrgico: succión, curetaje, aborto salino, micro cesárea y cesárea con infanticidio.

Efecto antinidatorio:

Término inventado para no decir matanza de seres humanos en estado embrionario. El embrión existe desde antes que él pueda llegar al útero para sembrarse o anidar en el mismo. Invetaron este término para explicar el mecanismo de acción del DIU, la píldora y el Norplant, entre otros.

Pre-embrión:

Aunque este término se lee en elegantes y costosas publicaciones de los mercaderes de la muerte, no existe tal pre-embrión, ya que desde el momento en que un óvulo es fertilizado (en poquísimos segundos) por un gameto masculino, el embrión, o "pre-embrión" tiene todas las informaciones de ese ser humano que nacerá si se lo permiten. En los genes se instalan ipso-facto las memorias de las generaciones anteriores y futuras del padre y de la madre: abuelos, bisabuelos, hijos, nietos, biznietos.

Anticoncepción post-coito:

"pildora del dia siguiente". Con altas dosis de estrógenos que producen contracciones uterinas también las prostaglandinas, que no han prosperado en el comercio, y la píldora francesa RU 486, por ahora aplicada masivamente en China. Provocan el aborto en cualquier etapa de la gestación. Generalmente es un aborto incompleto. En las zonas rurales producirá una lata mortalidad materna.

Interrupción de la gestación:

Llamada también "terminación dela gestación". Términos introducidos en el vocabulario y en la práctica médica para camuflar la verdadera realidad que es un aborto provocado quirúrgicamente por razones eugenésicas y falsamente terapéuticas.

Aborto inducido:

Aborto provocado quirúrgicamente, aplicado generalmente para niños minusválidos o para niños con enfermedades incompatibles con la vida después del nacimiento, por ejemplo, la anencefalia y otras llamadas teratogenicas.

Ligadura:

Esterilización femenina por varios métodos: con laparoscopia y con métodos radicales como la operación de Pomeroy. Con cualquiera de estas existe un índice de nuevas concepciones. Los matrimonios que deciden este procedimiento, como los otros, deben ser advertidos por el profesional que los atiende.

Contracepción oral:

Prescripción, venta y uso de sustancias hormonales, tomadas en serie, "píldoras", por mujeres sanas que no necesitan hormonas. El mercado de éstas es extremadamente cambiante en cuanto a la composición química, al costo y a los nombres comerciales.

Métodos de barrera:

Condones masculinos y femeninos, diafragmas, espermaticidas, etc. Tal barrera no existe, pues está comprobado que aún sin romperse, pasan espermatozoides afectados por los químicos espermaticidas y, desde luego dejan pasar el virus del SIDA en un alto porcentaje. El condón se ha convertido en un negocio muy rentable por las campañas contra las enfermedades de transmisión sexual, sobre todo del SIDA. Sociedades bien organizadas de homosexuales acaparan millones de dólares con ese pretexto. El médico francés Condom es quien le dio su verdadero nombre, pero por obvias tácticas, se le llama "preservativo" y hasta "profiláctico". Se ha convertido en un símbolo de rebeldía contra el Papa y las religiones cristiana y musulmana. Los llenan de vidrio molido para agredir las procesiones que rezan el rosario delante de los abortuarios y la firma BENETON se encargó de instalar un gigantesco condón en el obelisco de París. Los cristianos tienen la palabra de Dios para negarse a usar estos métodos: "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne". (Mateo 19,5). Jesús especifica, de este modo, que no puede interponerse nada entre los órganos generativos, ni siquiera una membrana, por más delgada que ésta sea.

Hijo no deseado:

El que está por nacer y que vive dentro de la madre, pese a que los padres usaron medios de control natal, o no los usaron. Niño candidato a morir por aborto.

Usuarias:

Mujeres sometidas a los sistemas de control natal. AID logró que en los programas financiados por ellos instalen este humillante término para la PNF.

Producto de la concepción o simplemente "producto":

La obstetricia corrompida por la cultura de la muerte denomina así a un niño no nacido desde la concepción, hasta el momento del parto. "Está… naciendo el producto".

Tejido embrionario:

Embrión, con todas las implicaciones del ser humano.

Extracción de la menstruación:

Aborto provocado por succión hasta las once semanas.

Limpieza uterina:

Invento de médicos obstetras negociantes que ocultan el aborto provocado por ellos, hasta a la misma mujer, cobran los honorarios y a veces no hay gestación.

Género:

El profesor Schooyans enfoca ese término utilizado por las feministas radicales como una "ideología según la cual, los roles del hombre y la mujer no están dentro de la naturaleza, sino que son el resultado de la historia y de la cultura. Según ellas y sus seguidores "la sociedad inventó los papeles del hombre y de la mujer", esta ideología intenta desmaternizar a la mujer e indirectamente patrocinaría el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Globalización:

Nuevo Orden Mundial. Ya no es el antagonismo entre Oriente y Occidente (Segunda guerra mundial y posterior guerra fría), que se sustituyó con los problemas dolorosos Norte-Sur, o países ricos al Norte y pobres al Sur poblados de negros, amarillos e indios. En los últimos tiempos asoma el fenómeno de la "globalización" mediante la cual los ricos de los países ricos escogen a la élite de ricos de los países pobres para obligarles , mediante sofismas y estímulos de sus personales apetencias, a poner en práctica ciertas acciones eficaces y drásticas. El autor Schooyans en su libro El aborto, implicaciones politicas, escribe un capítulo titulado "Multimillonarios del Mundo Unios", donde dice que los países del tercer mundo deben aceptar un programa global donde debe primar la "seguridad". Cuenta primero la "seguridad demográfica mundial". Para esto, utilizará instrumentos de orden político, educativo, científico, tecnológico y económico. La libertad de iniciativa de las universidades y centros de investigación, será orientada e incluso cancelada y su función crítica será muy disminuida. Las subvenciones estarán subordinadas a la complacencia con dichos organismos que tendrán que aceptar los programas de investigación, definidos por la minoría (ricos, externos e internos de los países). Esta minoría dominante concederá una gran importancia a los problemas ecológicos, financiará la investigación sobre reproducción humana, fecundidad y demografía, con el fin de desactivar la llamada "bomba P", o bomba poblacional. Esta poderosa minoría tendrá bajo control a todo un cuerpo internacional de intelectuales (y políticos) ya sean cómplices o utilizados como instrumentos involuntarios (Primera Dama 1997).

Así se realiza una colonización ideológica que logra separar a los dirigentes de su propio pueblo (hablando lindas palabras como democracia, solución a la pobreza, vivienda barata, canasta familiar, etc.) Las pequeñas naciones pueden ser fácilmente utilizadas como repetidores de un centro de poder totalmente nuevo.

PREADOLESCENTES: AUTORIDAD Y LIBERTAD


Autor: Acción Católica Mexicana Querétaro (Tomado de la lista "Hacer familia")
Fuente: ideasclaras@ffastur.eu
Foto: www.edermundacalopez.blogspot.com


La autoridad se conquista mereciéndola

La autoridad puede depender mucho del temperamento, de la forma de ser de cada uno. No obstante, puede adquirirse, mejorarse o perderse conforme a normas seguras que conviene conocer.

Cuando a un padre o a una madre, o a un profesor, no le obedecen en condiciones normales, claro está, la falta no está de ordinario en los chicos, sino en quien manda. Repetir órdenes sin resultado, intervenir constantemente, mostrar aire dubitativo o falta de convicción y seguridad en lo que se dice, son las causas más habituales de la pérdida de autoridad.

No ha de confundirse autoridad con autoritarismo. La dictadura familiar requiere poco talento, pero es mala estrategia. Ser autoritario no otorga autoridad. Hay quien piensa que el éxito está en que jamás le rechisten una orden. Pero eso es confundir la sumisión absoluta de los hijos con lo que es verdadera autoridad, no saber distinguir entre poder y autoridad.

El poder se recibe, la autoridad hay que ganarla en buena lid: se conquista mereciéndola.

Mandar es fácil. Conseguir ser obedecido, ya no tanto. Y lo que exige un auténtico arte es conseguir que los hijos obedezcan en un clima de libertad.

En edades tempranas era más fácil, pero con el tiempo las cosas se van haciendo difíciles, hay una mayor contestación, el chico se rebela con más fuerza ante lo que no entiende. Esto llega con la adolescencia, o antes; a veces, con motivo de la adolescencia de un hermano mayor; y, en cualquier caso, antes que en otras generaciones.

Si los padres hasta entonces han abusado
de la imposición, el fracaso educativo se puede casi asegurar.

El chico tiene ahora diez o doce años. Ya no es una criatura que obedece "porque sí". Dentro de poco será un hombrecito biológica y psicológicamente independiente.

Prepáralo para que pueda elegir libremente lo mejor.

No tengas miedo a la libertad. Enséñale a pensar y a decidir. Educar en la libertad es difícil, pero es lo más necesario. Porque hay padres que, por afanes de libertad, no educan; y otros que, por afanes educativos, no respetan la libertad. Y ambos extremos son igualmente equivocados.

Aprender a mandar, enseñar a obedecer

En muchos casos, el éxito de la autoridad ante el chico de esta edad está más en cómo se manda que en lo que se manda. El modo de mandar es lo que hace que valore esa autoridad de los padres, más que la importancia de lo que dicen.

A ver, pon ejemplos.
Al proponerle que haga algo, no puede darse la sensación de mandar por comodidad personal y, mucho menos, con aire de señor feudal sobre sus siervos. Es bueno que vea que nos molestamos nosotros primero. Y como el ejemplo arrastra, aceptarán así mejor el mandato. Si ven que papá ayuda a mamá en las tareas domésticas, él entenderá que debe hacer lo mismo sin necesidad de que nadie se lo explique.

Lo que mandemos ha de ser razonable. Y si es posible, que también lo parezca. A esta edad suelen ser muy razonables y un esfuerzo, un sacrificio incluso, será aceptado de buen grado si desde el principio se considera como una condición precisa para la buena marcha de algo (de la vida familiar, por ejemplo).

Otra regla básica del ejercicio de la autoridad es no multiplicar las órdenes o prohibiciones. Y más aún si se tratara de exigencias casi imposibles de cumplir. No se puede, por ejemplo, pedirle a esta edad que esté callado y quietecito un rato largo, o que no juegue cuando con ello no molesta a nadie, o que esté estudiando sin levantar la vista durante tres horas seguidas. En estos años, el niño es todo movilidad, y necesita expansionarse, debemos comprender su exuberancia vital.

Hay que mandar lo que razonablemente se pueda exigir.

Y en esto debemos ser realistas, pues las personas necesitan de cierto entrenamiento, necesitan aprender, y eso requiere tiempo.

Piensa también que no debe hacerse promesa que no se piense cumplir, ni amenaza que no se quiera luego ejecutar.

Al tener el chico, como ya hemos dicho, un profundo y vivísimo sentido de la justicia, sufre mucho cuando piensa que sus padres actúan injustamente. Por ejemplo, si dan señales de preferencia entre hermanos, o toman partido por éste o por aquél. El chico juzga conforme a lo que ve, y a veces le faltan datos.

Por eso no basta con ser justo, también es preciso parecerlo.

"Nadie engaña impunemente a un niño", dice Courtois. Los padres que emplean la mentira se desautorizan.

La mentira, además de inmoral, es mala aliada e indica pobreza de recursos.
Si actuamos con rectitud, no será preciso mentir. Todo tendrá su explicación natural.

No sería nada formativo, por ejemplo, aunque sea en cosas de poca importancia que vieran a su padre decir que no está cuando recibe una llamada telefónica inoportuna. O que no advierte al dependiente que le ha devuelto dinero de más. O que comenta cómo ha engañado con una tontería al hermano pequeño que no quería tomarse el biberón. O muchas otras actuaciones semejantes.

El miedo a la libertad. Educación en la confianza

La autoridad ha de exhibirse lo menos posible. Cada vez que se emplea se expone a un riesgo y sufre un desgaste. Tan grave es no usar de la autoridad cuando es preciso hacerlo, como emplearla de modo tan reiterado que acabemos por perderla.

Esto supone aprender a hacerse el despistado de vez en cuando, exponerse a ser engañado en cosas de poca importancia con una ingenuidad sólo aparente antes que mantener ante los hijos una actitud de desconfianza o recriminación constantes.

Son precisamente las actitudes desconfiadas las que hacen al chico de diez o doce años adiestrarse en la técnica de la mentira.

No es bueno manifestar incredulidad: la educación debe basarse en la confianza.

No prestéis demasiado oído a la acusación. Desechad las sospechas injustas. La confianza ayuda a que le duela sinceramente haberos defraudado. Cread un ambiente de libertad en el que se sienta a sus anchas sin estar rodeado de controles, y el buen ejemplo rendirá sus frutos.

La libertad no está reñida con la autoridad y la disciplina, sin las cuales será muy difícil que cada cual pueda, sin herir a otro, gozar de libertad de movimientos o de expresión.
Mala cosa sería que el chico se acostumbrara a oír repetir a sus padres una determinada orden varias veces. Así, cada día tardará más en obedecer, y en muchas ocasiones ni siquiera llegará a hacerlo.

No es nada educativo, por ejemplo, llamarle cinco veces para que se levante, la última con suficiente tiempo todavía para llegar holgadamente al colegio. Si el chico no es obediente, es mejor que le llames a la hora en que vas a exigirle que se levante. De lo contrario, desgastas tu autoridad, y cada día tendrás que ejercerla de forma más dura para lograr los mismos resultados. Y cada día será más difícil recuperar el terreno perdido.

A veces esas crisis de autoridad en la familia provienen de que se desautorizan mutuamente unos a otros ante el chico. Se echa la culpa al otro cónyuge, o a las condescendencias de la abuela, o al ausente, pero no se busca el acuerdo de todos para poner remedio.

La falta de acuerdo entre los esposos al educar a los hijos es la causa de muchos fracasos.

Es preciso ponerse de acuerdo para convenir una solución sobre el modo de actuar en cuestiones concretas. Hará falta, como siempre que intervienen dos o más personas en una decisión, que cada uno ceda en algo de su idea inicial para lograr un acuerdo sin imposiciones.

Tendencia a prejuzgar negativamente

En el fondo de todo chico hay una serie de buenos sentimientos que la naturaleza ha impreso en él, y a los que hay que saber sacar brillo. Debemos fomentar todo ese conjunto de valores positivos que irán configurando un carácter y una personalidad de la que broten, sin necesidad de órdenes, todas esas cosas que nos agradaría ver en él.

Para ello, primeramente hay que suponer en el chico las cualidades que se quieren ver en él.

Cuando se le acusa continuamente de tener un determinado defecto, acabará por pensar que es algo tan arraigado en él que es inútil luchar por corregirlo.
En vez de agobiarle diciendo que es un perezoso y un inconstante, dile que estás seguro de que conseguirá sacar esas buenas calificaciones porque va a estudiar mucho.

En vez de decirle que nunca ha tenido voluntad y que jamás termina lo que empieza, dile que ésa es una buena ocasión para que demuestre que en realidad sí puede.
Y en vez de insistir en que es una criatura sin corazón, o un egoísta, apuesta por sus buenos sentimientos, y no te defraudará.

Conviene apoyarse en ese sentimiento natural que tiene de agradar y de ser útil, de sentirse valorado. El chico da mucha importancia a lo que opinan de él y es muy sensible a los estímulos. Hay que saber apoyarse en esos sentimientos propios de la edad para ayudarles a superarse en su mejora personal.

Se trata, por decirlo de alguna manera, de poner a su amor propio del lado del bien.

Otro principio sabio es creer firmemente en las buenas intenciones de los chicos, siguiendo aquel elemental principio jurídico:

El bien debe ser supuesto, el mal debe ser probado.

Tenemos los humanos una lamentable tendencia a pensar mal, a prejuzgar negativamente. Una extraña manía que reduce a cenizas las mejores esperanzas de los chicos. El viejo aforismo de piensa mal y acertarás que cierta tradición ha acuñado, lo corrobora tristemente. A veces nos fijamos más en lo negativo que en lo positivo de las personas, y tenemos propensión a agrandar el mal con la medida de nuestra propia mezquindad, trivializando las razones de las cosas y buscando dobles intenciones donde no las hay.

Es mala política etiquetar al niño:
si ha sido sorprendido
en una mentira,
no es por eso un mentiroso.

Y si ha cogido dinero del bolso una vez a mamá no es por eso un ladrón. Sería aplicar aquella otra sentencia de "por un perro que maté, me llaman mataperros".

Caricaturizo las típicas quejas de las personas absorbidas por esa tendencia al prejuicio negativo:

* Siempre me hace lo mismo cuando llega a casa. * Siempre igual. * No hay manera de que haga nada bien. * Siempre tiene una historia con la que excusarse. * Ya verás como en cuanto aparezca nos dirá aquello y no querrá hacer ese recado. * Jamás tiene un detalle, y ya verás como dice que no. * Es un comodón y no creo que lo consiga, como siempre. * No toca un libro. * Nunca presta nada de lo suyo; es mejor que no se lo pidas. * Nos estropeará el verano, porque suspenderá, como siempre; y luego se pasará las vacaciones haciendo el vago.


Estas afirmaciones tajantes y malpensadas con que algunos se adelantan a prejuzgar siempre negativamente, acaban con la esperanza de cualquiera. Es una hostilidad impertinente que llena de conflictos la familia y enfría el calor del hogar.

O sea, que se trata de pensarlo bien antes de decir algo negativo.
Sí, pero no suele bastar con pensar mal y no decirlo.

Cuando se tiende a pensar mal de los demás, esos pensamientos críticos van gestando una actitud negativa, y ésta acaba fraguando en comentarios y conductas también negativas.

Por eso es mejor juzgar positivamente también de pensamiento. Se trata de evitar esa actitud que refleja aquel conocido chiste del automovilista que sufre un pinchazo en plena noche en una carretera desierta y se da cuenta de que no lleva gata para cambiar la rueda.

Ve a lo lejos la luz de una casa de campo. "Me acercaré y les pediré una gata", se dice. Se dirige hacia la casa y va pensando por el camino: "Mira que si tienen gata pero no me la quieren dejar...". Y continúa debatiéndose en ese pensamiento todo el trecho que le separa de aquella casa, hasta el punto de obsesionarse.

"Mira que como no me lo dejen, no sé que les digo...". Llega a la casa y llama al timbre, ya claramente enfadado. Una señora le abre la puerta y el caminante le dice sin más preámbulos: "¡Sabe lo que le digo, que si tienen gata, que no la quiero, que se la coman!"

La reprensión

Es llamativa la autoridad natural de quien rara vez se enfada. Suelen ser personas con una serenidad y un dominio de sí mismos que resultan atractivos e infunden respeto.
Lo normal es que una reprensión se pueda hacer estando de buenas, y en ello va gran parte de su eficacia. Hay que tener sensibilidad para:

* escoger el momento adecuado; * buscar unas circunstancias que no humillen; * procurar hablar a solas y estando de buen humor; * ponerse en su lugar; * dejarle una salida airosa; * saber intercalar unas palabras de afecto que alejen cualquier impresión de que se corrige por disgusto personal; * mostrar la convicción de que va a mejorar y corregir la conducta inadecuada.


La inoportunidad y la falta de diplomacia son errores graves. Nada conseguirá un padre o una madre que reprenda a sus hijos a gritos, dejándose llevar por el mal genio, amedrentando, imponiendo castigos precipitados, haciendo descalificaciones personales o enmiendas a la totalidad, o sacando trapos sucios y antiguas listas de agravios.

Si no somos educados
al corregir,
no estamos educando.

Recuerdo el caso de un muchacho al que el miedo aterrador a sus padres llevó a una fabulosa sucesión de mentiras, tejiendo un verdadero castillo de naipes que acabó finalmente por caer, con un elevado coste familiar. El caso es que los motivos que el muchacho daba para haber hecho todo eso eran quizás injustificados, pero comprensibles.

El mal genio de sus padres, los castigos irreflexivos y desproporcionados, y los repetidos disgustos familiares que cualquier tontería provocaban, acabaron por retraerle con un miedo que para él, a esa edad resultaba insuperable.

La versión de los padres era sobrecogedora y sin margen alguno para reconocer su propio error. Toda su existencia había sido un continuo querer llevar la razón y dejarse arrastrar por el mal genio y la amenaza, y en absoluto querían esforzarse por comprender a su hijo.

No estaban acostumbrados a atenerse a razones y tuvo que encargarse el paso del tiempo bastante tiempo de hacérselo ver. La vida les hizo sacar experiencia de lo conveniente que es facilitar la sinceridad si se quiere sinceridad, y de no escandalizarse tontamente por lo que ellos mismos habían propiciado.

La precipitación al castigar produce injusticias que a los chicos les parecen tremendas. Es mejor tomarse el tiempo necesario para oír las dos campanas o más, si es el caso, conocer la fiabilidad de cada versión, cerciorarse de la culpabilidad de cada uno, y entonces, ya serenos y con elementos de juicio, decidir lo más oportuno.

Y hay otro elemental principio jurídico, que ya recogía el Derecho Romano y bien puede aplicable al entorno familiar:

No se puede juzgar a nadie
sin haberle antes escuchado.

A pesar de lo evidente que resulta y de lo antiguo de su origen, se olvida con frecuencia.

Comprender. Facilitar la sinceridad

Si el niño se siente frecuentemente reprendido y, por el contrario, casi nunca reconocidos o recompensados sus actos meritorios aunque a los padres les parezcan insignificantes comparados con los dignos de castigo, ante esa insensibilidad de los padres, van desapareciendo poco a poco en él los deseos de hacer cualquier cosa positiva.

Llevado a su extremo este torpe planteamiento, el chico puede llegar a pensar que lo mejor es no hacer nada, porque haciendo cualquier cosa lo único que logrará es exponerse a recibir una nueva bronca.

Si el niño reconoce la culpabilidad de una determinada falta, y esto no supone apenas mejora en el castigo aplicado, cada vez le costará más ser sincero.

Aun a costa de arriesgarse
a dejar impunes algunas faltas,
los chicos han de saber
que una falta declarada
es una falta casi perdonada.

Hay que apoyar con los hechos eso de facilitar la sinceridad, y saber ser a un tiempo exigente e indulgente. Esos padres que después de exigir sinceridad se enfadan o se asustan ante ella, obtienen como premio una merecida desconfianza por parte de sus hijos.

Los padres deben enseñar al chico a:

* Que diga siempre la verdad, aunque le cueste. Debe saber que siempre será perdonado y, además, que cuando es sincero será raro que le castiguen. * Que cuente con confianza a sus padres las preocupaciones que tenga. Al hacerlo, debe encontrar en ellos afecto e interés, aunque les parezcan cosas sin importancia. * Que sepa que no se miente, ni con la excusa que será falsa de conseguir algo bueno. Tampoco en los juegos: que no sea tramposo. * Que comprenda que la sinceridad en la familia, en el colegio o entre los amigos contribuye a crear un ambiente de alegría y libertad.


La reprensión exige estar a solas, aunque eso suponga esperar. Es difícil que el chico reconozca su mala actitud o sus errores si lleva aparejada una confesión casi pública. Actuar así es facilitar que añada nuevas mentiras, y un enfado casi seguro. La reprimenda pública suele ir acompañada de humillación, y él tiene un fuerte sentido del ridículo. Luego hablará del broncazo que me echaron delante de mi hermana, o ese día que estaban los tíos en casa..., y es algo que le costará sin duda digerir.

A esta edad son muy finos observadores y advierten cuándo en sus padres hay celos, envidia, soberbia, afán de imponerse o de figurar, y entonces la posibilidad de influir positivamente sobre ellos baja enormemente. Tendremos tanta más autoridad e influencia beneficiosas sobre los chicos dice Courtois "cuanto menos busquemos la visible satisfacción de nuestro amor propio".

Para que la palabra de los padres tenga prestigio y obtenga el efecto deseado es necesario esforzarse por arrinconar el propio orgullo.

La falta de interés también les entristece mucho. "Mis padres no me entienden. Fíjese, ayer, llegué todo contento a casa porque me había salido muy bien el examen, y no me hicieron ni caso; seguramente tendrían cosas más importantes de que preocuparse que de mí".

El sentido crítico y la característica sagacidad infantil para definir con cuatro rasgos los defectos de cualquiera, hacen en estos casos un efecto arrollador en la descripción de esas situaciones. "Y el otro día, que quise hacer algo bien y me puse a poner la mesa, se me cayó un vaso y se rompió. Y fue porque me había empujado mi hermano. Y llegó mi padre en ese momento y, sin preguntar más, me dio un tortazo encima. Eso me pasa por querer ayudar. Y mi hermano, que no hace nada, ¿qué...? Se ve que lo mejor en casa es pasar inadvertido y desaparecer cuanto antes, y no hacer nada, ni bueno ni malo."

"Y si quiero comprarme algo, siempre es un capricho, y en cambio para otras cosas... que si el coche nuevo, que si la moda de primavera... Y además siempre, en cuanto se enfadan, sacan la lista de todas las cosas que he hecho mal toda la vida... como si ellos no se hubieran equivocado nunca. Estoy harto de oírla. Creo que nunca me han dicho nada bueno".

No hace falta seguir describiendo el proceso de justificación del chico que, aunque subjetivo y a veces poco coincidente con otras versiones, denuncia una innegable falta de sensibilidad de sus padres hacia sus gestos positivos.

Descubre a tu hijo
haciendo algo bien
y elógialo.

Acción Católica Mexicana Querétaro.
Tomado de la lista "Hacer Familia"




EL ÁRBOL DE NAVIDAD


Autor: Benedicto XVI (mensaje del Papa para la Navidad 2008)
Fuente: ideasclaras@ffastur.eu
Foto: Plaza de San Pedro (Vaticano)

SU ORIGEN Y SENTIDO CRISTIANO

“En las próximas semanas el árbol de Navidad será motivo de alegría […] Su forma en punta, su color verde y las luces de sus ramas son símbolos de vida. Además, nos remiten al misterio de la Nochebuena. Cristo, el Hijo de Dios, trae al mundo oscuro, frío y no redimido, al que viene a nacer, una nueva esperanza y un nuevo esplendor. Si el hombre se deja tocar e iluminar por el esplendor de la verdad viva que es Cristo, experimentará una paz interior en su corazón y será constructor de paz en una sociedad que tiene mucha nostalgia de reconciliación y redención” (Benedicto XVI, Audiencia, 12 de diciembre de 2008).

EL ÁRBOL DE LA VIDA, EL AMOR Y LA PAZ

Muchas de las leyendas y antiguas tradiciones que hacen referencia al árbol de Navidad se remontan a tiempos muy antiguos, pero la documentación histórica acerca del árbol tal y como lo conocemos y decoramos hoy en día, sólo apareció en los últimos siglos.

No hay duda, sin embargo, que estas leyendas y tradiciones muestran la convergencia de muchas costumbres,algunas de ellas nacidas fuera de la cultura cristiana y otras de origen estrictamente cristiano. Vamos a considerar aquí algunas que podrían ser precursoras del árbol de Navidad.

ORIGEN HISTÓRICO

Desde tiempos muy antiguos, los pueblos primitivos introducían en sus chozas las plantas de hojas perennes y flores, viendo en ellas un significado mágico o religioso. Los griegos y los romanos decoraban sus casas con hiedra. Los celtas y los escandinavos preferían el muérdago y muchas otras plantas de hoja perenne (como el acebo, el rusco, el laurel y las ramas de pino o de abeto) pues pensaban que tenían poderes mágicos o medicinales para las enfermedades.

En la cultura de los celtas, el árbol era considerado un elemento sagrado. Se sabe de árboles adornados y venerados por los druidas de centro-Europa, cuyas creencias giraban en torno a la sacralización de diversos elementos y fuerzas de la naturaleza.

Se celebraba el cumpleaños de Frey (dios del Sol y la fertilidad) adornando un árbol perenne,cerca de la fecha de la Navidad cristiana. El árbol tenía el nombre de Divino Idrasil (Árbol del Universo): en cuya copa se hallaba el cielo, Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de Odín), mientras que en las raíces profundas se encontraba el Helheim (reino de los muertos).

Cuando se evangelizó el centro y norte de Europa, los primeros cristianos de esos pueblos tomaron la idea del árbol para celebrar el nacimiento de Cristo, cambiando su significado pagano.
SAN BONIFACIO, OBISPO DEL SIGLO VIIIUna interesante tradición -en parte historia, en parte leyenda-, popular en Alemania, afirma que el árbol de Navidad se remonta al siglo VIII. San Bonifacio (675-754) era un obispo inglés que marchó a la Germania en el siglo VIII (concretamente a Hesse), parapredicar la fe cristiana.

Después de un duro período de predicación del Evangelio, aparentemente con cierto éxito, Bonifacio fue a Roma para entrevistarse con el papa Gregorio II (715-731). A su regreso a Alemania, en la Navidad del año 723, se sintió profundamente dolido al comprobar que los alemanes habían vuelto a su antigua idolatría y se preparaban para celebrar el solsticio de invierno sacrificando a un hombre joven en el sagrado roble de Odín.

Encendido por una ira santa, como Moisés ante el becerro de oro, el obispo Bonifaciotomó un hacha y se atrevió a cortar el roble sagrado. Hasta aquí lo que está documentado históricamente.
El resto pertenece a la leyenda que cuenta cómo, en el primer golpe del hacha, una fuerte ráfaga de viento derribó al instante el árbol. El pueblo sorprendido, reconoció con temor la mano de Dios en este evento y preguntó humildemente a Bonifacio cómo debían celebrar la Navidad.

El Obispo, continúa la leyenda, se fijó en un pequeño abeto que milagrosamente había permanecido intacto junto a los restos y ramas rotas del roble caído. Lo vio como símbolo perenne del amor perenne de Dios, y lo adornó con manzanas (que simbolizaban las tentaciones) y velas (que representaban la luz de Cristo que viene a iluminar el mundo).

Como estaba familiarizado con la costumbre popular de meter en las casas una planta de hoja perenne en invierno, pidió a todos que llevaran a casa un abeto. Este árbol representa la paz, y por permanecer verde simboliza también la inmortalidad; con su cima apuntando hacia arriba, se indica, además, el cielo, la morada de Dios.

También ofrecen pistas importante sobre el origen del árbol de Navidad, tal como lo conocemos, las obras de teatro medievales que representaban los misterios y pasajes de la Biblia.
En concreto el árbol del Bien y del Mal en el Paraíso Terrenal. Su propósito era enseñar la religión a los feligreses, que en su mayoría eran analfabetos.
Para difundir y mantener viva la fe y dar a conocer las Sagradas Escrituras, la predicación era esencial, pero no suficiente. Se pensó que las obras teatrales completaran esa predicación y pronto se hicieron populares en toda Europa.

En la Nochebuena, el 24 de diciembre, se representaba -con grandísimo éxito popular- elepisodio del pecado original de Adán y Eva. El árbol del Paraíso terrenal era el centro del escenario. El árbol debería haber sido un manzano, pero no habría sido adecuado en invierno. Se ponía unabeto en el escenario con algunas manzanas en sus ramas, y obleas preparadas con galletastrituradas en moldes especiales, así como dulces y regalos para los niños. Incluso cuando se abandonaron estas obras teatrales religiosas, el árbol del Paraíso siguió estando asociado a la Navidad.

LOS ORÍGENES MÁS RECIENTES DEL ÁRBOL DE NAVIDAD
La opinión más generalizada entre los expertos es que el árbol de Navidad, tal como lo conocemos hoy, decorado e iluminado con luces, deriva de este árbol del Paraíso. Como su lugar de nacimiento se sugiere la orilla izquierda del Rhin, y concretamente la Alsacia.

Uno de los primeros testimonios de esto son los registros de la ciudad de Schlettstadt (1521), en los que fue establecida una especial protección para los bosques en los días previos a la Navidad; los guardabosques eran los responsables de castigar a cualquiera que cortara un árbol para decorar su casa .

Otro documento nos informa de que, en Estrasburgo, la capital de Alsacia, los abetos se vendían en el mercado, para llevar a casa y decorarlos. De Alsacia, la tradición de los árboles de Navidad se propaga a toda Alemania y al conjunto de Europa, y pronto, al resto del mundo cristiano.

ASPECTOS SIMBÓLICOS DEL ÁRBOL
Los árboles han tenido a lo largo de la historia un significado muy especial: en todas las culturas poseen aspectos simbólicos de carácter antropológico, místico o poético. La idea extendida de los aspectos benéficos de los árboles para el hombre ha dado lugar a distintas leyendas y lo ha relacionado con sentidos mágicos y rituales.

En varias culturas el árbol representa el medio y la unión del cielo y la tierra: ahonda sus raíces en la tierra y se levanta hacia el cielo; por ello en ciertas religiones, sobre todo orientales, el árbol es signo de encuentro con lo sagrado, punto de encuentro entre el ser humano y la divinidad.
Otros significados ampliamente extendidos sobre los atributos mágicos del árbol concernían a la fecundidad, al crecimiento, a la sabiduría y a la longevidad.

SENTIDO CRISTIANO
El árbol de Navidad recuerda, como hemos visto, al árbol del Paraíso de cuyos frutos comieron Adán y Eva, y de donde vino el pecado original; y por lo tanto recuerda a Jesucristo que ha venido a ser el Mesías prometido para la reconciliación. Pero también representa el árbol de la Vida o la vida eterna, por ser de hoja perenne.

En palabras de Juan Pablo II: “En invierno, el abeto siempre verde se convierte en signo de la vida que no muere […] El mensaje del árbol de Navidad es, por tanto, que la vida es ‘siempre verde’ si se hace don, no tanto de cosas materiales, sino de sí mismo: en la amistad y en el afecto sincero, en la ayuda fraterna y en el perdón, en el tiempo compartido y en la escucha recíproca” (Juan Pablo II, Audiencia, 19 de diciembre de 2004).

La forma triangular del árbol (por ser generalmente una conífera), simboliza a la Santísima Trinidad. A las oraciones que se realizan durante el Adviento se les atribuye por un color determinado, y cada uno simboliza un tipo:

Árbol de Navidad con los tradicionales adornos

• El azul, para las oraciones de reconciliación.
• El plateado, para las de agradecimiento.
• El dorado, para las de alabanza.
• El rojo, para las de petición.
• Estos colores, junto con el verde del árbol mismo, tal vez sean los más tradicionales para los adornos navideños.

El árbol de Navidad y los regalos propios de estas fechas, son un modo de recordar que del árbol de la Cruz proceden todos los bienes… Por eso tiene un sentido cristiano la tradición deponer bajo el árbol los regalos de Navidad para los niños: “Generalmente, en el árbol decorado y a sus pies se colocan los regalos de Navidad. El símbolo se hace elocuente también desde el punto de vista típicamente cristiano: recuerda al ‘árbol de la vida’ (Cf. Génesis 2, 9), representación de Cristo, supremo don de Dios a la humanidad” (Juan Pablo II, Ídem).

LOS ADORNOS NAVIDEÑOS
Los adornos más tradicionales del árbol de Navidad son:

• Estrella: colocada generalmente en la punta del árbol, representa la fe que debe guiar la vida del cristiano, recordando a la estrella que guió a los Magos hasta Belén.
• Bolas: en un principio San Bonifacio adornó el árbol con manzanas, representando con ellas las tentaciones. Hoy día, se acostumbra a colocar bolas o esferas, que simbolizan los dones de Dios a los hombres.
• Lazos: Tradicionalmente los lazos representan la unión de las familias y personas queridas alrededor de dones que se desea dar y recibir.
• Luces: en un principio velas, representan la luz de Cristo.

Como nos dice Benedicto XVI “al encender las luces del Nacimiento y del árbol de Navidad en nuestras casas, ¡que nuestro ánimo se abra a la verdadera luz espiritual traída a todos los hombres y mujeres de buena voluntad! … Frente a una cultura consumista que tiende a ignorar los símbolos cristianos de las fiestas navideñas, preparémonos para celebrar con alegría el nacimiento del Salvador, transmitiendo a las nuevas generaciones los valores de las tradiciones que forman parte del patrimonio de nuestra fe y cultura”. (Benedicto XVI, 21 de diciembre de 2005)

DAR EN NAVIDAD



Autor: anonimo
Fuente: ideasclaras@ffastur.eu
Foto: www.chamiradio.org.pe

En esta Navidad propongámonos donar todo lo que tengamos y ofrecerlo a los demás: regalemos sonrisas, amabilidad, abrazos, cariño, afecto, amor, apoyo, gratitud, armonía, alegría, tiempo, oración… y también lo material que esté en nuestras posibilidades. Si todo el año fuera como Navidad, no cabría ninguna duda que el mundo sería mucho mejor.

10 maneras de vivir la generosidad en el hogar

1_ Hacer constantemente una revisión de las cosas de cada miembro de la familia para ver qué puede dar a los demás, compartiendo lo que le sirve y le gusta, no únicamente lo que le sobra. Acostumbrarse a tener solamente lo necesario.

2_ Reconocer y animar siempre a los miembros de la familia que tengan un acto de servicio o generosidad, fomentando acciones de servicio voluntarias, sin que nadie lo tenga que pedir. Evitar a toda costa burlas o bromas que inhiban esta actitud.

3_ Ser hospitalarios. Recibir con gusto y alegría a los amigos y visitantes atendiéndoles y haciendo que se sientan bien.

4_ Acostumbrarse a velar por las necesidades de los que están cerca de la familia: personal de servicio, vigilante, vecinos, etcétera.

5_ Dar siempre lo mejor de cada uno. Sonreír y hablar con amabilidad a todos los miembros de la familia y personas cercanas a ella. Acostumbrarse a hablar de las necesidades y carencias de los demás, más que de las propias.

6_ Rezar en familia por las necesidades de los demás, especialmente en momentos de desgracias, solidarizándose con ellos.

7_ Responder en familia de una manera rápida y eficaz a las llamadas de ayuda ante desastres o necesidades específicas. Apoyar a todos los miembros de la familia en actividades de servicio a los demás: prácticas de participación social, misiones, colectas, etcétera.

8_ Escuchar y enseñar a los hijos a escuchar, ya que esto es dar nuestro tiempo, atención y dedicación a quien quiere compartir con nosotros.

9_ Agradecer en familia todos los dones que se han recibido de manera gratuita. Valorarlos y atender a los que no tienen tanto como nosotros. Evitar a toda costa quejarnos por lo que no tenemos.

10_ Fomentar con alegría y prontitud la ayuda entre los miembros de la familia. Ayudar a los hijos a descubrir sus talentos y cómo pueden ponerlos al servicio de los demás.


jueves, 17 de diciembre de 2009

OVARIOS DESTRUIDOS


Autor: Joan Robinson (PRI)
Fuente: ideasclaras@ffastur.eu
Foto: www.aribil.org


Ovarios destruidos: El fracaso de las vacunas anticonceptivas


La Dra. Bonnie Dunbar, una de las principales investigadoras en el campo de la anticoncepción, abandonó recientemente 30 años de trabajo en el desarrollo de una vacuna anticonceptiva, porque descubrió que el cuerpo femenino se rehúsa a ir en contra de su propia reproducción. La Ciencia, una vez más, confirma la fuerza inalterable del diseño físico femenino.

Ya sea en la China rural, en la sabana africana o en el Occidente citadino, los cuerpos de las mujeres, y específicamente su capacidad reproductiva, son objeto de múltiples ataques. Píldoras, parches e implantes hormonales, espermicidas, etc. son intentos para detener el sistema de la mujer en una de sus capacidades más perfectas e integrales: darle la existencia a un ser humano, y por ende, continuar su especie. Los anticonceptivos son a fin de cuentas introducción invasiva de material extraño en el cuerpo de la mujer que anula el proceso reproductivo natural. Lo que la Dra. Bonnie Dunbar esperó desarrollar era una vacuna que podría engañar al sistema inmunológico femenino. Una forma de lucha contra las células reproductivas como si éstas fueran virus. La vacuna de la Dra. Dunbar era un intento insidioso de hacer que el cuerpo considere el embarazo como una enfermedad.

La motivación detrás de su investigación sobre los anticonceptivos fue, como es lógico, el control de la población. “He pasado mas de 20 años desarrollando vacunas, vacunas anticonceptivas”, explicó la Dra. Dunbar, “porque en mi juventud tuve una visión de que, tal vez, podríamos ayudar al problema de la población mundial y darles a las mujeres una opción para el control de la natalidad que no fuera invasiva a nuestras hormonas o a nuestros sistemas o que tengan los efectos colaterales que ahora vemos en muchos métodos anticonceptivos”.

Se supone que ella esperaba que la inmunidad de la vacuna al embarazo durara varios años al menos y así resultaría un control de población más eficaz en las naciones en desarrollo. En la mentalidad de los promotores del control natal, la píldora u otros métodos anticonceptivos requieren demasiada participación y disciplina de la mujer para ser efectivos. En esos métodos de corta duración y uso repetitivo (diario en el caso de las píldoras) la tasa de deserción y falla de uso son altísimas. Por supuesto es algo que nunca se molestan en decir en público.

Entre los muchos éxitos de su larga y brillante carrera, la Dra. Dunbar formó parte de la plantilla de científicos de la Fundación “Harbor Branch” de la Universidad Atlántica de Florida, del Smithsonian Institution y, no nos sorprende en lo más mínimo, del Population Council, digamos la “Universidad” de Rockefeller. Ha recibido muchas condecoraciones por sus décadas de trabajo en las vacunas anticonceptivas y en el año 1994 fue premiada por la “National Institute of Health” NIH (el instituto encargado de la salud pública en USA) como la “First Margaret Pittman Lecturer” (Primera Catedrática Margaret Pittman). Ella es un miembro fundador de “The Africa Biomedical Center” (Centro Biomédico de Africa) en Kenia, donde actualmente vive. A través de los años, la Dra. Dunbar ha asesorado a la Organización Mundial de la Salud y a USAID en muchos proyectos de países en desarrollo, incluyendo China, India, América del Sur y África. (No es coincidencia que todas estas regiones son objetivos principales para los programas de control de población de las Naciones Unidas.)

Tuve el placer de conocer a la Dra. Dunbar recientemente en la IV Conferencia Pública Internacional sobre la Vacunación. Ella vino de Kenia para presentar los resultados de su fallida investigación de la vacuna y hacer un llamamiento sorprendente para una reorientación de fondos, apartados del VIH / SIDA y la investigación de la vacuna anticonceptiva, a las necesidades primarias de salud de los africanos y, por supuesto, a la reducción de la población.

Cuando empezó como estudiante de posgrado a desarrollar una vacuna anticonceptiva, la Dra. Dunbar se dio cuenta de que muchas mujeres infértiles tenían anticuerpos hacia su propia zona pelúcida. (La zona pelúcida es la glicoproteína que rodea el óvulo femenino o el huevo). Esto impedía que el esperma se una penetrando y fertilizando el óvulo. Esto se convirtió en la base de la hipótesis de la investigación de la Dra. Dunbar.

“Por años,” explicó, “pensamos que si las mujeres eran infértiles debido a estos anticuerpos, pero por otro lado, eran perfectamente saludables, entonces esta situación se convertía en un eficaz método anticonceptivo, que evitaría la fecundación sin ser abortivo, y tampoco interferiría con el sistema endocrino.” Esperaba imitar este trastorno de infertilidad natural, para hacer una vacuna que desarrollaría en mujeres saludables respuesta inmunológica a sus propios óvulos. “El objetivo de nuestra vacuna era desarrollar autoinmunidad”, declaró la Dra. Dunbar, así de claro y sin ninguna afectación.

La manera en que la Dra. Dunbar proponía para generar autoinmunidad fue inyectar a sus conejos de laboratorio, no con sus propias glicoproteínas de la zona pelúcida (muy parecidas a otras proteínas del conejo que realizan funciones diversas en el cuerpo del conejo), sino con las proteínas del cerdo. Estas últimas son lo suficiente extrañas para “engañar al conejo produciendo anticuerpos en contra de sus mismas propias proteínas”. Y fue eficaz. Estas inyecciones provocaron una respuesta autoinmune en los conejos inoculados. Sin embargo, hubo una dificultad mayor que, curiosamente, al final resultó insuperable.

“Descubrimos que cuando inmunizábamos a estos animales, les destruíamos completamente los ovarios,” admitió la Dra. Dunbar. “Desafortunadamente, no solamente estábamos evitando la fecundación, sino que generábamos toda una enfermedad autoinmune, también conocida como insuficiencia ovárica prematura.”

Ella probó la vacuna en varios animales, incluyendo primates, y descubrió en todos los casos que la vacuna causó una falla auto inmunológica permanente en los ovarios. Al observar las fotografías de estos ovarios devastados, completamente destruidos por el propio cuerpo femenino, la Dra. Dunbar tomó una decisión. Actuando con integridad, a menudo ausente en investigadores de anti-fertilidad, resolvió oponerse totalmente a cualquier desarrollo posterior de esta vacuna en seres humanos. "Al declarar la muerte de esta vacuna para la investigación humana adicional", declaró la Dra. Dunbar, " yo seré responsable de la infelicidad de algunas personas en mi empresa de biotecnología y de algunas otras más."

Ahora esta antigua vacuna anticonceptiva está siendo desarrollada como un posible agente de esterilización no-quirúrgico para perros y gatos, y también se utiliza para seleccionar la limitada población de elefantes africanos. Y por supuesto en ello, no tenemos ninguna objeción.

¡QUITARÉ EL CRUCIFIJO, SEÑORÍAS!

Autor: Santiago Vela (D.N.I.: 25.064.273-T.)
Fuente: ideasclaras@ffastur.eu
Foto: www.bizkeliza.org

Ilustrísimos Sres/as Diputados/as:

Soy profesor en centro público y me dirijo a sus Ilustrísimas para comunicarle que procederé inmediatamente a la retirada del crucifijo tanto en el aula como en mi despacho; no esperaré a que me obligue la futura Ley de Libertad Religiosa que prepara el Gobierno. ¡¿Cómo hemos podido tardar tanto en darnos cuenta de que estamos en un Estado aconfesional y ninguna religión tiene carácter oficial?! ¡Debemos avergonzarnos del daño que hemos podido causar por mantener ese símbolo tan insultante en nuestros espacios públicos! ¡Y cuánta falta de respeto y de sensibilidad democrática hacia los ciudadanos que no profesan tal religión! Es imperdonable haber mantenido públicamente el símbolo de ese personaje judío que mereció tal muerte por denunciar la corrupción de los poderes políticos y religiosos de su época, por oponerse a la opresión y abusos que los gobernantes imponían al pueblo, por andar con prostitutas, ladrones e ilegales, que entregó su vida hasta el sacrificio en cruz por andar defendiendo la libertad, la dignidad y la igualdad de todos los seres humanos. No tardaré ni un minuto más en retirar el crucifijo por el que muchos millones de personas han entregado su vida. Retiraré el crucifijo porque no quiero seguir siendo responsable de que los alumnos y ciudadanos que lo vean descubran los valores de entrega, radicalidad, esfuerzo, amor y solidaridad que expresa ese judío colgado de la cruz, con los brazos abiertos en señal de acogida y perdón. Quitaré el crucifijo, no sea que quien lo vea caiga en la cuenta que hoy sigue habiendo muchos crucificados por las mismas causas y a los que sí habría que retirarlos también de sus cruces. Quitaré el crucifijo pues no quiero que mis alumnos piensen que entregar la propia vida por los demás es el valor más sublime. En su lugar, ilustrísimas señorías, he pensando poner un preservativo, o un blister de píldoras del día después o una cureta cruzada con un fórceps con el que se provoca la interrupción del embarazo, cualquiera de ellos representaría perfectamente el valor supremo de la libertad. Pero pensándolo mejor, no sería buena idea, porque no todos lo entenderían y además no queda nada estético colocar junto a la foto del Borbón un condón. Por ello he decidido sustituir el crucifijo por una Obra de Arte, de esas que nuestros artistas universales han producido y que están expuestas en los Museos de todo el mundo para que sean apreciadas por millones de ciudadanos. Una obra de arte no debe escandalizar ni provocar ningún perjuicio en las convicciones íntimas de quien la admira. He pensado en artistas como el genial Salvador Dalí, paisano de los de ERC, o en Mariano Benlliure, paisano de la Sra. Pajín , aunque me tienta poner a mis dos pintores favoritos, uno extremeño, Zurbarán, y otro como yo, andaluz, el universal Velázquez. Y sería de gran ayuda que me ayudasen a decidirme. Les envío mis preferencias en el archivo adjunto.

LA "CULTURA DE LA MUERTE"

Autor: Adolfo J. Castañeda (VHI)
Fuente: www.arbil.org (extraido del boletin de "ideasclaras@ffastur.eu")
Foto: www.rosarioesprovida.blogspot.com

Las estrategias principales que la "cultura de la muerte" ha usado para promover el aborto, la anticoncepción y la "educación" sexual hedonista ahora se han intensificado y se extienden a la manipulación de embriones humanos Ya no es solo el aborto, ya sea quirúrgico o el causado por los anticonceptivos abortivos, la única manera silenciosa y escondida en que la "cultura" de la muerte destruye a los seres humanos no nacidos. Lo es también la fecundación in vitro, la clonación y la experimentación con embriones humanos. Por otro lado, está el crimen de la eutanasia. Éste también ocurre en el silencio y a la sombra de las instalaciones médicas, revestido así de una apariencia de legitimidad. Es parte del engaño de la "cultura" de la muerte, de encubrir la destrucción de la vida de un ser humano con una fachada de "piedad".

Es necesario profundizar en nuestro conocimiento sobre el avance que ha tenido la "cultura" de la muerte durante los últimos meses. Se precisa una reflexión que ahonde en las estrategias y engaños presentes en los nuevos ataques de esta falsa "cultura". Este texto tiene ese propósito. Se trata de desenmascarar los nuevos "rostros" de la "cultura" de la muerte.

La necesidad de esa reflexión es apremiante, pues mientras más silencioso es el enemigo, más difícil es de combatir. Existe el peligro de que la conciencia, aún la de los buenos, se adormezca ante el sigilo de estas formas de atacar la vida humana, con el consecuente debilitamiento de la acción en defensa de la vida. Ello hay que impedirlo a toda costa.

¿Qué es la "cultura" de la muerte?

El término "cultura" de la muerte se refiere a una mentalidad, a una manera de ver al ser humano y al mundo, que fomenta la destrucción de la vida humana más débil e inocente por parte de los más fuertes y poderosos, de los que tienen voz y voto. El término "cultura" de la muerte fue acuñado por el Papa Juan Pablo II en su Encíclica El Evangelio de la Vida, publicada el 25 de marzo de 1995.

Aunque en realidad la "cultura" de la muerte comenzó cuando, en el umbral mismo de la historia, satanás engañó al hombre y éste, por su propia voluntad, cayó en el pecado, y aunque la "cultura" de la muerte se ha extendido por toda la historia de la humanidad, ha sido en los últimos siglos que esta "cultura" de la muerte ha asumido unas características sin precedentes. "...[E]stamos frente a una realidad más amplia, que se puede considerar como una verdadera y auténtica estructura de pecado, caracterizada por la difusión de una cultura contraria a la solidaridad, que en muchos casos se configura como verdadera 'cultura de muerte'" (El Evangelio de la Vida, núm. 12.).

¿Y qué es lo nuevo de esta "cultura" de la muerte? El Papa responde diciendo: "Con las nuevas perspectivas abiertas por el progreso científico y tecnológico surgen nuevas formas de agresión contra la dignidad del ser humano, a la vez que se va delineando y consolidando una nueva situación cultural, que confiere a los atentados contra la vida un aspecto inédito y --podría decirse-- aún más inicuo ocasionando ulteriores y graves preocupaciones: amplios sectores de la opinión pública justifican algunos atentados contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual, y sobre este presupuesto pretenden no sólo la impunidad, sino incluso la autorización por parte del Estado, con el fin de practicarlos con absoluta libertad y además con la intervención gratuita de las estructuras sanitarias" (El Evangelio de la Vida, núm. 4).

El Papa aquí nos dice que la nueva forma que ha asumido la "cultura" de la muerte es inédita (es decir, nueva, no tiene precedentes en la historia) y aún más inicua (es decir, peor que antes). Ello se debe, explica el Santo Padre, a que el progreso científico y tecnológico de los últimos tiempos, que por una parte es una bendición de Dios por todo el bien que hace, por otra, sin embargo, en manos de gente mala, ha sido utilizado para hacer el mal y para hacerlo a gran escala, como nunca antes.

Pero ello no es lo peor. Juan Pablo II explica que lo inédito, lo nuevo, de esta "cultura" de la muerte, es el hecho de que gran parte de la sociedad la justifica en nombre de una falsa libertad individual y que incluso ha logrado, en muchos países, que el gobierno la legalice y que un gran sector de la comunidad médica la practique.

El aborto, la eutanasia y la manipulación de embriones son los ejemplos más tristes de esta situación que describe el Papa. Ya no se trata principalmente de una matanza de seres inocentes por medio de guerras y atropellos bélicos, sino de una silenciosa y sutil, pero más aún nefasta destrucción de la vida humana, que cuenta incluso con la aprobación de un gran sector de la sociedad, con el amparo de la ley y que es perpetrada precisamente por algunos de aquellos que se supone sean los primeros defensores de la vida: los médicos y otros profesionales de la salud.
Eugenesia y "cultura" de la muerte

Decíamos que la "cultura" de la muerte se caracteriza por formas de atacar la vida humana inocente e indefensa por parte de los fuertes y poderosos. Ello nos lleva precisamente a una de las características fundamentales de la mentalidad de la "cultura" de la muerte: la eugenesia.
La eugenesia es la reproducción planificada y sistemática de los seres humanos de forma tal que se reproduzcan los que son "superiores" y que no se reproduzcan o que se eliminen los "inferiores". Esta definición de eugenesia es la que se desprende del pensamiento y del activismo de sus proponentes, que en breves momentos examinaremos. Pero antes de entrar en ello quiero señalar un par de cosas que me parecen muy importantes:

La primera es bien sencilla y evidente. Es el hecho de que la definición de superioridad e inferioridad de la eugenesia queda en manos de los que precisamente fomentan esta "cultura" de la muerte. En mi opinión, en el año 1922, tuvo lugar un hecho importantísimo que contribuyó sobremanera a la formación de la actual "cultura" de la muerte. Lamentablemente, pienso que a este hecho no se le ha dado la debida importancia. Me refiero a la publicación, en Alemania, del libro titulado Die Freigabe der Vernichtung Lebensumwertern Lebens ("La exoneración de la destrucción de la vida carente de valor"), del psiquiatra Alfred Hoche y del jurista Karl Binding. La idea de que existen personas cuyas vidas "carecen de valor" -por causa de enfermedad, limitaciones físicas o mentales, sufrimiento, vejez, etc.- influyó en los programas eutanásicos y de eliminación de los judíos y de otras personas por parte de los nazis.

Obsérvese que hemos dicho que la idea de que la vida de algunos seres humanos carece de valor influyó en los programas de los nazis y no al revés. Las ideas tienen consecuencias. Y las malas ideas tienen consecuencias funestísimas. Estos intelectuales alemanes, personas en posiciones de poder, definieron quiénes merecían vivir y quiénes no. Luego, otros se encargaron de llevar su diabólica mentalidad a la práctica. Lo mismo está sucediendo hoy.

La segunda cosa que quiero señalar es que la mentalidad eugenésica no es simplemente una idea más en el arsenal de la "cultura" de la muerte. Por el contrario, la eugenesia engloba esta "cultura". Es una de sus motivaciones principales, la otra es el hedonismo, es decir, el culto al placer. La tentación del diablo que ocasionó el pecado original fue la famosa frase de la serpiente a Adán y Eva: "¡Seréis como dioses!" (Génesis 3:5). Y la manera más poderosa de ser como dioses, es decir, de dominar a los demás, es controlando la fuente de la vida y por supuesto, la muerte.

Margaret Sanger, la fundadora de Paternidad Planificada, la filial en Estados Unidos de la Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF, por sus siglas en inglés), la organización que más promueve el aborto en todo el mundo, dijo lo siguiente: "Más hijos para los capacitados; menos hijos para los incapacitados, ésa es la esencia del control de la natalidad" (The Birth Control Review, mayo de 1919).

Muchas veces nosotros los provida hemos denunciado las falsedades del control demográfico. Hemos refutado el mito de la "sobrepoblación". Hemos alertado sobre la mentalidad imperialista presente en los programas controlistas que el primer mundo le quiere imponer a América Latina a base de condicionamientos y presiones económicas. Pero no podemos olvidar que en la base de todo ello hay una mentalidad eugenésica, que es una mentalidad de dominación, del ejercicio absoluto del poder sobre los débiles, inocentes e indefensos. Es la mentalidad provocada por el pecado de querer ser como dioses, del pecado de la soberbia, el padre de todos los pecados.

Breve resumen histórico de la "cultura" de la muerte

Se pudiera decir que la "cultura" moderna de la muerte comenzó a finales del siglo XVIII con la publicación del libro Essay on the Principle of Population ("Ensayo sobre el principio de la población") de Thomas Robert Malthus (Jacqueline Kasun, The War Against Population. The Economics and Ideology of Population Control, San Francisco: Ignatius Press, 1988, p. 26). En esa obra, el autor, profesor de economía política, sostuvo la errónea teoría de que había que controlar el crecimiento de la población, especialmente de "las clases inferiores de la sociedad", ya que el mismo era mayor que la producción de los alimentos. Malthus creía que si se les negaba a los pobres la ayuda económica, tanto pública como privada, éstos "se darían cuenta" de las "ventajas" de limitar sus familias de acuerdo con sus ingresos (Ibíd., 157). Aquí, evidentemente vemos la mentalidad eugenésica, que luego repercutió en la Alemania Nazi y en Margaret Sanger.

De hecho, Margaret Sanger, cuya nefasta influencia se dejó sentir en la primera mitad del siglo XX, publicó, precisamente en 1922, un libro titulado The Pivot of Civilization ("El pívot de la civilización"), por medio del cual divulgó las ideas eugenésicas. El siguiente pasaje de este libro revela con toda claridad el carácter eugenésico de la ideología de Sanger y constituye un eco perfecto del pensamiento de Malthus: "La caridad organizada es el síntoma más seguro de que nuestra sociedad ha criado y continúa criando, perpetuando y aumentando cada vez más el número de defectuosos, delincuentes y dependientes. La atención que se les da a las mujeres pobres es la filantropía más dañina e insidiosa. El crecimiento de la clase obrera debería ser regulado, puesto que son imbéciles benignos, que estimulan a los elementos defectuosos y enfermos de la humanidad para que sean más irresponsables, se extiendan y se reproduzcan. Debemos eliminar los yerbajos humanos, aislar a los idiotas, los desajustados y los que no sirven, y esterilizar a la raza genéticamente inferior" (The Pivot of Civilization, New York: Brentano's, 1922, p. 108).

Lógicamente la eugenesia de Sanger la llevó al racismo. La siguiente cita lo demuestra fehacientemente: "No queremos que nadie se entere de que queremos eliminar a la población negra y el ministro religioso es el hombre que puede aclarar esa idea, si alguna vez se le ocurre al más rebelde de sus miembros" (citado en Madeline Gray, Margaret Sanger: A Biography, Nueva York: Marek, 1979, 326).

Lo peor de todo es que esta mentalidad eugenésica condujo a Sanger a apoyar la eliminación de aquellas vidas humanas consideradas un "estorbo". Las siguientes palabras de Sanger, tomadas de otra obra suya, son terribles y demuestran la patética conclusión a la que lleva la eugenesia: "Lo más misericordioso que una familia numerosa puede hacer con uno de sus miembros más pequeños es matarlo" (Women and the New Race Nueva York: Brentano's, 1920. Reimpr. : Geo. W. Halter, 1928, p. 67).

En 1916, en la Ciudad de Nueva York, Sanger fundó la primera clínica para el control de la natalidad, precisamente para llevar a la práctica sus ideas eugenésicas. También fundó la Liga para el Control de la Natalidad y la Revista para el Control de la Natalidad (Birth Control Review). Varios promotores de la eugenesia, de la "supremacía blanca" y de ideas nazistas escribieron artículos en su revista (George Grant, Grand Illusions. The Legacy of Planned Parenthood, 3ra edición, Higland Books, 1998, p. 39).

Sin embargo, con el correr del tiempo el mundo se enteraría de los horrores del nazismo. Sanger había estado vinculada al movimiento eugenésico y había fomentado la anticoncepción, la esterilización y el aborto. Tenía problemas con la ley, que en aquel entonces prohibía estas cosas. Entonces le cambió el nombre a su organización. En 1942, surgió Planned Parenthood Federation of America --Paternidad Planificada de Estados Unidos (Ibíd., 75-76). Pronto surgieron filiales en otros países y en 1952 los líderes de estas filiales fundaron la IPPF (IPPF/WHR, "The First Forty Years," Forum, vol. 10, junio de 1994, p. 36-41). Hoy en día la IPPF cuenta con asociaciones miembros en casi todos los países, incluyendo los de América Hispana, en México, su filial se llama MEXFAM.

He aquí, pues, un resumen de la "cultura" de la muerte y de uno de sus ejes: la eugenesia. A continuación veremos cómo esta mentalidad asume formas y estrategias concretas en algunos de los principales ataques contra la vida que pasaremos a examinar.

Reproducción sin sexualidad y manipulación de embriones

Hemos dicho que la eugenesia es una mentalidad que propicia la dominación de las fuentes de la vida. Dios nos creó a imagen y semejanza suya y nos mandó llenar la tierra y dominarla (cf. Génesis 1:27-28). Pero, por efecto del pecado, ese dominio legítimo de la naturaleza se convirtió en dominación desmedida, no sólo de la naturaleza, sino de la propia persona humana y de su capacidad procreadora.

Ello se manifiesta de forma patente en las técnicas de fecundación in vitro (FIVET). La FIVET consiste en la obtención de óvulos y espermatozoides que luego se colocan en una caja de Petri, que es un medio de cultivo, para que la concepción ocurra in vitro, es decir, en el laboratorio, fuera de la madre.

De esta forma se esquiva el acto conyugal y se busca la procreación fuera de él. La Iglesia enseña que para que una técnica de reproducción asistida sea legítima tiene que constituir una ayuda, no una sustitución, del acto conyugal. La FIVET es evidentemente una sustitución del acto conyugal. Para más información, véase el documento que la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó en 1987 y que se titula "Instrucción Donum vitae sobre el respeto de la vida naciente y la dignidad de la procreación".

Pero la inmoralidad de la FIVET no sólo estriba en ser una sustitución del acto conyugal, sino que también consiste en el homicidio de seres humanos inocentes, ya que se presta para la destrucción de innumerables embriones humanos. La eficacia de la FIVET en producir nacimientos vivos es tan baja, que los especialistas en estas técnicas intentan fecundar y transferir a la madre de 4 a 6 embriones a la vez con el objeto de producir un nacimiento vivo. Pero evidentemente aquí estamos frente a la destrucción de varios seres humanos para que nazca uno. Los embriones de "baja calidad" son desechados o simplemente no sobreviven.
Eso no es todo. La FIVET se utiliza también para producir embriones para luego experimentar con ellos. El presunto objeto de ello es descubrir las causas de las enfermedades hereditarias y procurar su cura.

Pero esto constituye una falta de respeto a la vida de un ser humano pequeñito e indefenso. Tenemos que darnos cuenta de que no se debe nunca utilizar a unos seres humanos para curar a otros. Cada ser humano es un fin en sí mismo, es decir, un valor absoluto en sí mismo, y no un mero medio o instrumento para beneficio de otros. De lo contrario estaremos rebajando al ser humano a la categoría de cosa, en vez de reconocerlo como persona.

Estamos aquí ante el enfrentamiento entre una falsa "ética" de la "calidad" de la vida humana y una verdadera ética de la dignidad de la vida humana. La "ética" de la "calidad" de la vida humana propone que los seres humanos valen tanto en cuanto su vida tenga "calidad". Esa "calidad" se mide en términos de utilidad. Si esa persona es útil para otros o es "deseada" por esos otros, entonces, y sólo entonces, tiene valor. Evidentemente esta "ética" aberrante coincide plenamente con la eugenesia y es la base que justifica todo tipo de atropellos de los fuertes contra los débiles: aborto, control demográfico, manipulación de embriones, eutanasia, etc.

La ética de la dignidad de la vida humana proclama en cambio que toda persona humana tiene un valor, o mejor dicho, es un valor intrínseco y absoluto, es decir, que la persona humana vale por el mero hecho de ser persona, y no por la posesión de ciertas cualidades: salud, dinero, posición social, edad, etc. La persona humana posee ese valor por la presencia en ella del alma inmortal, cuya existencia es demostrable por la razón, sin ayuda de la fe. Aunque, claro, la fe nos ayuda a esclarecer con más fuerza todavía la dignidad de toda persona humana. Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios (cf. Génesis 1:27) y redimidos por Cristo (cf. Juan 3:16).
No es que la calidad de la vida humana no sea importante. Claro que lo es. Pero la calidad de la vida humana no puede erigirse como el fundamento del valor de la vida humana. Una vez que hemos afirmado el valor o dignidad intrínseca de toda vida humana como el fundamento de la moral, entonces podemos abordar, con equilibrio y sensatez, el tema de la calidad de la vida humana.

La FIVET también se presta para una especie de manipulación de embriones que se llama clonación. El documento de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Donum vitae, que cité hace unos momentos, se refiere a la clonación y otras manipulaciones embrionarias en los siguientes términos:
"Las técnicas de fecundación in vitro pueden hacer posibles otras formas de manipulación biológica o genética de embriones humanos, como son: los intentos y proyectos de fecundación entre gametos humanos y animales y la gestación de embriones humanos en útero de animales; y la hipótesis y el proyecto de construcción de úteros artificiales para el embrión humano. Estos procedimientos son contrarios a la dignidad del ser humano propia del embrión y, al mismo tiempo, lesionan el derecho de la persona a ser concebida y a nacer en el matrimonio y del matrimonio. También los intentos y las hipótesis de obtener un ser humano sin conexión alguna con la sexualidad mediante 'fisión gemelar', clonación, partenogénesis, deben ser considerados contrarios a la moral en cuanto que están en contraste con la dignidad tanto de la procreación humana como de la unión conyugal.

"La misma congelación de embriones, aunque se realice para mantener en vida al embrión -crioconservación-, constituye una ofensa al respeto debido a los seres humanos, por cuanto les expone a graves riesgos de muerte o de daño a la integridad física, les priva al menos temporalmente de la acogida y de la gestación materna y les pone en una situación susceptible de nuevas lesiones y manipulaciones.

"Algunos intentos de intervenir sobre el patrimonio cromosómico y genético no son terapéuticos, sino que miran a la producción de seres humanos seleccionados en cuanto al sexo o a otras cualidades prefijadas. Estas manipulaciones son contrarias a la dignidad personal del ser humano, a su integridad y a su identidad. No pueden justificarse de modo alguno a causa de posibles consecuencias beneficiosas para la humanidad futura. Cada persona merece respeto por sí misma: en esto consiste la dignidad y el derecho del ser humano desde su inicio" (Donum vitae, Parte I, no. 6).

En el caso de la clonación, ésta "se efectúa tomando un óvulo, sacándole su núcleo y reemplazándolo con un núcleo de una célula somática, es decir, con un núcleo que contiene 23 pares de cromosomas. La célula resultante de la primera etapa de un clon es un cigoto. Como se puede ver, la clonación evita la reproducción sexual e inyecta directamente un núcleo somático dentro del óvulo, sin necesidad del espermatozoide" (Padre Alfred Cioffi, "Clonación humana: ¿reproductiva o terapéutica?", Boletín Electrónico de VHI, 26 de marzo del 2002, vol. 5, no. 15).
La estrategia que utilizan los que promueven la clonación consiste primeramente en disfrazarla con un manto de bondad, diciendo que es para curar enfermedades, como el Alzheimer.. Más concretamente, están utilizando la estrategia de establecer, como si fuese verdadera, una falsa distinción moral entre la clonación llamada "reproductiva" y la clonación llamada "terapéutica". A continuación voy a citar varios párrafos de un artículo que se publicó en el número del 26 de marzo del 2002 del Boletín Electrónico de VHI, disponible en elportal. Su autor es el Padre Alfred Cioffi, doctor en teología moral, especialista en bioética y que actualmente está realizando estudios doctorales en genética en Boston:

"Actualmente, algunos científicos y políticos están tratando de establecer una distinción entre la clonación 'reproductiva' y la clonación 'terapéutica'. En la clonación reproductiva, el cigoto se implanta en la matriz de la mujer y le permiten desarrollarse a través de todo el embarazo, dando como resultado el nacimiento de un bebé. En la clonación terapéutica, el cigoto se mantiene en una cajita de Petri, en el laboratorio, y sólo se le permite crecer hasta la etapa de la blástula (de una a dos semanas), y después es desmembrado para obtener sus células madres (stem cells).

"La distinción entre estos dos tipos de clonación es una distinción biotécnica, pero no moral. Ambas son una crasa manipulación de la dignidad intrínseca de todo ser humano. La Iglesia Católica se opone vigorosamente a ambos tipos de clonación, aunque de cierta forma la clonación terapéutica es aún más cruenta, ya que en ella se crea una vida humana sólo para destruirla y sacarle sus células madres.

"La gran mayoría de la gente se opone a la clonación reproductiva, ya que es tan repulsiva, pues le niega al niño un padre, y convierie a la madre en su hermana gemela. Sin embargo, algunas personas están cayendo en la trampa de pensar que la clonación terapéutica sí es buena, porque ayudaría a curar enfermedades. Pero el error de este argumento reside en que el embrión humano es destruido para obtener sus células madres. Nunca se debe permitir la matanza de seres humanos inocentes, aún cuando fuera por una noble causa, como la de tratar de curar graves enfermedades."

El Padre Cioffi señala en su artículo que, aparte de la gravedad de la clonación, su uso es innecesario, pues existen otras alternativas que sí son aceptables, desde el punto de vista moral, para ayudar en la búsqueda de la cura de ciertas enfermedades. "Afortunadamente, Dios nos ha provisto de alternativas a la clonación humana y a la investigación de células madres embrionarias. Las células madres que se obtienen de tejidos adultos, e incluso del cordón umbilical o de la placenta, tienen el potencial de suministrar tejido nuevo para el uso terapéutico, sin la destrucción de vida humana. La Iglesia Católica no se opone a este tipo de investigación, siempre y cuando se haya obtenido el consentimiento apropiado."

Vemos así cómo la fe y la ciencia no se contradicen. Ambas son dones de Dios que tenemos que desarrollar correctamente. Cuando algunos científicos se dejan llevar por intereses creados, entonces utilizan la ciencia no para beneficio del ser humano, sino en contra de su dignidad. He ahí el mal uso de la tecnología. Observemos que la maldad de estas técnicas no radica en el hecho de que son artificiales (¡hay muchas cosas artificiales que son buenas!), sino en el hecho de que son utilizadas en contra de la dignidad humana.

Precisamente otro engaño de los que promueven la clonación es la de hacerle creer a la gente de que los que se oponen a ella son "religiosos fundamentalistas" enemigos del "progreso científico" y que los que están a favor son "avanzados". Los medios de comunicación seculares han sido cómplices de esta mentira.

La "anticoncepción de emergencia", aborto disfrazado de anticoncepción

Precisamente MEXFAM, la filial de la IPPF en México, es una de las organizaciones que más promueve esta forma de aborto en el mundo hispano. Para este tema, del cual sólo presentaré a continuación un resumen, quisiera remitirles a la información que Vida Humana Internacional tiene en su página web e impresa, especialmente el artículo "La 'anticoncepción de emergencia': nuevo engaño del movimiento antivida".
La "anticoncepción de emergencia" (AE) se refiere al uso de píldoras anticonceptivas o del dispositivo intrauterino cierto tiempo después de un acto sexual, en el que no se usaron anticonceptivos, con el objeto de impedir el embarazo. Pero en realidad el uso de estos anticonceptivos, en caso de que haya habido una concepción, produce un aborto, por cuanto actúan impidiendo la implantación del óvulo fecundado, es decir, del nuevo ser humano, en el útero de su madre.

Los que promueven la AE niegan que ésta sea abortiva. La razón de ello es que este método se promueve mucho en los países donde el aborto no es legal, como en la mayoría de los países de América Hispana. En Estados Unidos y en otros países donde el aborto sí es legal, la AE se promueve porque la idea del aborto sigue siendo repugnante para mucha gente.

¿Cómo es entonces que las organizaciones de la "cultura" de la muerte engañan a la gente en relación con la AE? Organizaciones como la IPPF, la ONU y otras alegan que la AE no es abortiva porque, según ellas, el embarazo no comienza sino hasta la implantación. Como el aborto es la interrupción del embarazo que resulta en la muerte del feto y como la AE actúa antes de la implantación, estas organizaciones dicen que ello no es aborto, sino sólo anticoncepción.

Dejando de lado el tema de que la anticoncepción es gravemente inmoral y dañina para la mujer, estamos aquí frente a otro engaño del movimiento antivida. Se trata de una manipulación de las palabras para cambiar la percepción de la realidad. Se llame o no aborto, el impedir que un ser humano se implante en el útero y luego sea expulsado de él, no es otra cosa que matarlo. Es un hecho incontrovertible, atestiguado en todos los principales diccionarios de medicina de la actualidad que la vida del ser humano comienza en la concepción, no en la implantación. En el artículo que ya señalamos, tenemos un listado parcial de estos diccionarios médicos, así como abundantes citas de expertos en farmacología y en embriología que afirman lo mismo. Estos expertos también afirman que la palabra "aborto" es el término adecuado para referirse a toda acción realizada desde la concepción hasta el término del embarazo que cause la destrucción del embrión o del feto.

La eutanasia, los que matan en nombre de la "piedad"

Finalmente, terminaré esta exposición con unas breves palabras sobre la eutanasia. No pretendo cubrir aquí este vasto tema. Me limito sólo a algunas observaciones importantes. Para más información los remito a los artículos que hay en el portal de VHI.
Primero que todo quisiera señalar que el principal y más reciente documento de la Iglesia sobre este tema es la Declaración sobre la eutanasia de la Congregación para la Doctrina de la Fe, publicada el 5 de mayo de 1980. Lo tenemos en la página web de VHI en la sección de documentos de la Iglesia. Este documento tiene un valor no sólo específicamente cristiano, sino también humano, porque sus argumentos apelan a la razón y a la ciencia. Demuestra una vez más que, siendo Dios el autor de la fe y de la razón, no puede haber verdadera contradicción entre ambas.

El documento define la eutanasia como cualquier acción que de suyo o en la intención cause la muerte con el objeto de presuntamente eliminar los últimos sufrimientos. Por consiguiente, la eutanasia es matar directamente, es un homicidio, un crimen. Nunca está justificada. Lo que especifica este tipo de homicidios es que se realiza para eliminar los sufrimientos del paciente. Por ello es que se le ha llamado eufemísticamente "muerte por piedad".

No debemos dejarnos engañar tampoco por términos como "eutanasia pasiva" o "activa", etc. Estos términos son válidos en cuanto denotan las distintas maneras en que este crimen se comete. Pero la calificación moral del acto en sí es la misma: es un crimen contra la humanidad. El "suicidio asistido" es un tipo de eutanasia y está claramente descrito y condenado en el documento que ya señalé, si bien no con ese término.

La eutanasia es una amenaza creciente en países como Holanda y Estados Unidos. En este último, el "suicidio asistido" ha sido aprobado desde hace algunos años en el Estado de Oregon. No nos extraña que en ese Estado, como en Holanda, desde que este crimen fue aprobado, los casos de "suicidio asistido" han aumentado considerablemente. Con la eutanasia ocurre lo mismo que con el aborto: una vez que se legaliza, aumenta paulatinamente hasta convertirse en una especie de epidemia.

El argumento en la base de la ideología a favor de la eutanasia es el mismo que en el del aborto: "Yo soy dueño de mi cuerpo". Pero en el caso de la eutanasia, este argumento cobra más fuerza, porque en este caso no hay un ser dentro de otro, como es el caso de una mujer embarazada, sino que se trata de una sola persona que quiere matarse o que la maten, para evitarse los sufrimientos. ¿Cómo se contesta este argumento?

La respuesta a este argumento es la misma que dimos al principio: la dignidad intrínseca y absoluta de toda persona humana. La dignidad humana nunca se pierde, ni por enfermedad, ni por pobreza, ni por nada. Ahora bien, como cada persona tiene esa dignidad, ese valor no debe destruirse, porque lo que vale no se destruye.

El argumento en favor de la eutanasia que dice que una persona tiene el "derecho" a matarse (o a pedir que la maten), porque ella es la que lo ha decidido, es un argumento circular y por tanto falaz. El argumento está diciendo que algo se puede hacer porque la persona que lo quiere hacer decide que quiere hacerlo. Pero ello es lo mismo que decir que una acción es buena porque yo decido que es buena. En otras palabras, la voluntad de la persona se ha convertido en la fuente de lo que está bien y de lo que está mal. Este argumento es el mismo que el diablo (simbolizado por la serpiente) le presentó a Adán y a Eva: "¡Seréis como dioses!" El ser humano se convierte en el arbitro del bien y del mal.

La falsa "solución" de la eutanasia no es como la pintan sus promotores. Para ellos es un asunto que concierne únicamente a la decisión del paciente o a los que deciden por él, en caso de incompetencia mental. Pero un paciente terminal en la mayoría de los casos está tan afectado psicológicamente que su petición de muerte es en realidad una petición de ayuda. Sin embargo, los que lo rodean, cuando están a favor de la eutanasia, no están en realidad queriéndole ayudar en su sufrimiento, sino que quieren eliminar al paciente para eliminar el sufrimiento de ellos. Quieren quitarse la "carga" de encima. Una vez más vemos cómo la falsa "ética" de la "calidad" de la vida humana, tan a fin a la eugenesia, se hace presente, esta vez al final de la vida.

La respuesta provida sigue siendo la misma: la dignidad intrínseca de toda persona humana, no importa cuán enferma esté o cuán "improductiva" sea. Si de verdad amamos a nuestro prójimo, lo cuidaremos y mitigaremos sus dolores hasta que la muerte le llegue. Nos solidarizaremos con él y no permitiremos que la desesperación le embargue.

La medicina moderna ha desarrollado fármacos y tratamientos (incluyendo los psiquiátricos) para el dolor, llamados en su conjunto, medicina paliativa, que permiten aliviar y reconfortar al paciente. El enfermo entonces recobra la serenidad y está más preparado para enfrentarse con esperanza al final de su vida. La medicina paliativa se utiliza en el movimiento de los hospicicios. Cuando los hospicios funcionan como es debido, constituyen una auténtica alternativa provida a la eutanasia.

Los promotores de la eutanasia astutamente plantean un cuadro de dos extremos: o le aplicamos la eutanasia al enfermo o sufrirá irremediablemente hasta que muera. En este contexto, y muchas veces a propósito, acusan a las personas provida de querer prolongar la vida del paciente por todos los medios posibles. Entonces se proclaman a ellos mismos como los "compasivos", que vienen a ofrecer la eutanasia para que el enfermo "no sufra más". En realidad vienen a eliminar el dolor por medio de la eliminación del doliente, así como los controlistas vienen a eliminar la pobreza eliminando a los pobres.

Pero los provida no caemos en ninguno de esos dos extremos. La Iglesia y la recta razón nos enseñan que no estamos obligados a utilizar medios que son inútiles para conservar la vida del paciente o que constituyen sufrimientos graves que son mayores que los beneficios. No siempre es fácil determinar cuándo se están utilizando esos medios, llamados desproporcionados. Pero con la ayuda de Dios y de la ciencia médica que Él nos ha dado lo podemos lograr. Siempre estamos obligados a utilizar los medios normales para conservar la vida, intentar curar al paciente o, si no se puede, al menos mantenerlo alimentado (por medios artificiales o naturales), limpio y confortable. De manera que hay una vía media entre los dos extremos de la eutanasia y del encarnizamiento terapéutico (el uso de medios desproporcionados).

Y para terminar, quisiera reproducirles el siguiente testimonio de Magaly Llaguno, directora ejecutiva de la organización Vida Humana Internacional. Estoy seguro de que las palabras de esta valiente y experimentada defensora de la vida les conmoverá a todos:

"Como enferma de cáncer que soy, quiero hablarles de mis experiencias. A juzgar por mis propios sentimientos y los de otros enfermos con quienes he tenido contacto, puedo decirles que la depresión es algo muy común entre las personas gravemente enfermas. Inclusive, mucha de la quimioterapia que recibimos los enfermos de cáncer causa depresión. Sin embargo, los que tenemos enfermedades terminales no necesitamos que alguien nos "ayude" a cometer suicidio - lo cual por cierto implica el que la persona que nos "ayude" a suicidarnos cometa un asesinato. Esta es una propuesta cruel, inhumana y simplista. Si a un enfermo le planteen esta falsa solución él o ella comenzará a sentir que le consideran una pesada carga para sus familiares y para la sociedad. Inclusive, si la idea del suicidio no ha pasado por su mente anteriormente, quizás sí se le ocurra ahora y se sienta obligado a morir porque le consideran una carga. Puesto que todos necesitamos una actitud positiva para que nuestro sistema inmunológico funcione bien y para que nuestro cuerpo sane o al menos la salud mejore, una actitud negativa y promuerte en los que nos rodean, sólo nos hará daño.

"Hay evidencias científicas de que el amor y el apoyo de los demás ayudan a lograr la sanación. Los estudios realizados muestran grandes diferencias con respecto al tiempo que sobreviven las personas gravemente enfermas que reciben amor y apoyo, y las que no los reciben. Uno de los estudios, realizado en la Universidad de Tejas, les preguntó a los pacientes si participaban regularmente en un grupo de apoyo, como por ejemplo asistiendo a una iglesia, y si esa participación les proporcionaba fuerzas y consuelo. Seis meses después del tratamiento, los que contestaron que no a ambas preguntas tuvieron siete veces más probabilidades de morir que los otros (Cancer Recovery Today, boletín de la organización Cancer Recovery Foundation of America) .

"Otro estudio de la Universidad de Los Angeles (UCLA) realizado con grupos de apoyo, investigó a personas a quienes se les practicó una cirugía debido al cáncer melanoma. Después de dicha cirugía algunas de las personas participaron en grupos de apoyo por sólo seis semanas, mientras el resto simplemente se fue a su casa. Cinco años después los investigadores encontraron que entre los que no participaron en ningún grupo de apoyo hubo tres veces más muertes y dos veces más metástasis que entre los que lo hicieron (Ibíd.). Verdaderamente, el amor y el apoyo de otras personas constituyen una necesidad básica para los enfermos. El no obtenerlos es dañino; cuánto más dañino será el ofrecerle a una persona enferma la eutanasia o el suicidio asistido. Los enfermos necesitamos una verdadera compasión, no la falsa compasión que ofrecen los promotores de la eutanasia y el suicidio asistido.

"Necesitamos alguien que nos escuche, que nos dirija una palabra de apoyo; pero más que nada, necesitamos el amor y la compasión de los que nos rodean. Cuando no hay familiares ni amistades que puedan llenar esas necesidades, deben hacerlo los profesionales de la medicina. ¡Los médicos y las enfermeras se entrenan para curar a los pacientes, no para matarlos o ayudarlos a suicidarse! Si ocurre lo contrario, habremos vuelto a los crueles tiempos paganos en que los pacientes no sabían si el doctor les visitaba para curarles o para matarles mediante la eutanasia. También necesitamos médicos que estén bien informados sobre los múltiples fármacos paliativos que están disponibles para aliviar el dolor, los cuales tienen la capacidad de eliminar casi todo el sufrimiento físico.

"En lo que concierne a enfrentar el dolor y la muerte, los enfermos graves tenemos el recurso a la oración, la mayor fuente de fortaleza y consolación que existe. Es precisamente esa fortaleza que recibimos de Dios en la oración, lo que nos permite soportarlo todo y aceptar Su Santa Voluntad, sea cual sea."