viernes, 8 de enero de 2010

LA TELEVISIÒN Y LOS NIÑOS


Autor: Por Bernabé Tierno
Fuente: ideasclaras@ffastur.eu
Foto: www.surcultural.info

Habitualmente, los medios de comunicación social nos ofrecen toda la información de cuanto sucede en el mundo entero. Compartimos con los demás seres humanos toda clase de suertes, desgracias, éxitos, catástrofes. Toda esta información también la reciben en mayor o menor medida los niños.

Es bueno estar informados, saber lo que pasa en el mundo, pero el problema radica en que estos medios se convierten sobre todo en medios de mentalización.

Diferentes vías

1. Vía afectiva, emotiva, cargada de fuertes pasiones. Por esta vía es fácil despertar e incrementar las conductas violentas, agresivas y pasionales presentando modelos que triunfan y a los que les resulta muy rentable tal comportamiento. En el caso concreto de los niños les queda claro, desde los primeros años, que lo que se hace y dice en la tele es bueno y recomendable. Ahí está el peligro.

2. Vía de los reflejos condicionados. Estamos llegando a una dependencia generalizada del consumismo sin freno. Hoy más que nunca la ética de la persona y las pautas de su conducta están siendo marcadas por la estética del consumo a causa de la televisión.

3. Vía subliminal. La fascinación de las imágenes, hechos y actividades que ofrece la pequeña pantalla actúan sobre los mecanismos que activan la conducta del sujeto, a espaldas suyas, sin percatarse de que está siendo moldeado (teledirigido) día a día, hasta sufrir una transformación total.

Alienación y dependencia

1. Por el mecanismo de proyección, el teleadicto se habitúa a descargar, atribuir o proyectar sobre los personajes cuyas acciones contempla sus propios conflictos, pasiones, odios, complejos, etc., de orden interno. Este mecanismo de defensa desconecta al sujeto de su propia realidad en la vida diaria, le incita a descargarse de responsabilidades y atribuir a los demás lo que no soporta admitir ni reconocer en sí mismo. Inutiliza a la persona para encarar los problemas.

2. Por el mecanismo de identificación, el sujeto escapa también de su propia realidad para meterse en el personaje ficticio con que se identifica, viviendo y sintiendo sus luchas, victorias, celos, placeres, infidelidades, conductas violentas, etc., que tenderá a imitar de manera inconsciente. Cada persona vivirá y sentirá la ficción de manera más o menos intensa según su edad.

Los niños son presa fácil de este mecanismo pues, muchas veces, no logran distinguir la ficción de la realidad.

Sabemos por estadísticas que nuestros niños pasan cada año frente al televisor unas 1.300-1.400 horas, mientras que las horas del colegio al año no llegan a mil. Esto significa que todo joven que llega a la mayoría de edad ha pasado frente a la pantalla de TV entre 20 y 25.000 horas.

Es evidente que no estamos ante algo sin importancia y tenemos que aprender todos a usar un medio tan poderoso. La TV es un potencial inmenso que puede enriquecer y ayudar muchísimo a aprender y saber muchas cosas en poco tiempo.

En este tiempo se encierran múltiples posibilidades de enriquecer la mente y el psiquismo humano.

Perjuicios y beneficios

En psicología infantil y juvenil se podrían lograr muchísimas cosas, como, por ejemplo, fomentar conductas sociales de cooperación y ayuda a los demás, de autocontrol, de esfuerzo y formación personal, etc. Ofreciendo modelos dignos de imitar por su atractivo y cuya conducta responsable, respetuosa y sacrificada por los demás fuera provechosa.

El problema es que la televisión no deje tiempo para el diálogo entre los esposos, para el de los hijos con los padres y para el de los hermanos entre sí.

Es evidente que la televisión corta de raíz la posibilidad de desarrollar otro tipo de actividades en todos los hogares: dialogar, leer, estudiar, escuchar música, jugar, reír y hasta dormir.

En definitiva son dos las consecuencias que están perjudicando más al niño y a la familia: la primera es la incomunicación. No hay tiempo para hablar de nada porque lo absorbe todo la tele. La segunda es que se está perjudicando el hábito de la lectura y está influyendo de manera muy directa en los resultados escolares.
Se ha demostrado que cuantas más horas pasa un niño frente el televisor, por término medio, menor es su rendimiento escolar y más posibilidades tiene de llegar a fracasar en el estudio.

Saber utilizarla

1. Lo primero que hay que hacer es aprender a prescindir de ella y apagarla cuando los programas o temas que desarrolla no sean de nuestro interés o el de nuestros hijos y no permitir que «nos organice la vida».
2. Aprovecharla para estimular el diálogo familiar comentando temas de interés y fomentar la actitud crítica.
3. No estar psíquicamente pasivo, sino activo. Un buen programa de TV estimula intelectualmente como el mejor de los libros.
4. Los contenidos de ciertos programas interesantes pueden servir de materia de trabajo para el estudio; inclusive para el colegio.
5. Hay que enseñar a «ver» anuncios y desenmascarar la manera en que pretenden convencer e influir al televidente para incitarlo a comprar. Esto gusta muchísimo a la mayoría de los niños.
6. Se puede fomentar la unión de la familia utilizando determinados programas para enjuiciarlos, analizarlos, criticarlos y valorarlos en común. Que hasta los más pequeños opinen y sean escuchados por todos.
7. Acompañar siempre que se pueda a los niños mientras están frente al televisor para enseñarles a tener una mente activa y crítica de cuanto ven. Que sepan comentar y valorar actitudes, gestos, conductas..., y no contemplar pasivamente.
8. No permitir que el niño vea la TV más de una hora diaria, en lugar de las tres horas que ve el niño español por término medio, y de las cuatro o cinco que suele ver el sábado y el domingo.
9. Ilusionarlo con actividades deportivas, reuniones con amigos, actividades al aire libre y otras para ir reduciendo el tiempo dedicado a la TV.
10. Convertirla en un instrumento valido en la formación del niño o del adolescente, a todos los niveles.

LA TELEVISION: NI ANGEL NI DEMONIO


Autor: Sandra Blanch Vidal
Fuente: ideasclaras@ffastur.eu
Foto: www.asusta2-com.ar

“Nada más llegar a casa ya empieza mi programa favorito. Mientras meriendo, podré verlo pero luego me mandarán a hacer los deberes. Les diré que tengo muy pocos, así termino rápido y veo los últimos episodios de los dibujos. Después, con un poco de suerte, estarán ocupados con sus cosas o haciendo la cena y no me llamarán la atención más que de pasada para que apague la tele. Después de cenar, me encantaría ver el capítulo de hoy de la serie de extraterrestres porque si no, mañana, no podré comentarlo con todos mis amigos. A ver como me las apaño para convencerles que me dejen un rato más”…

¿Por qué ven tanta televisión los niños?

A este aparato que preside nuestras salas de estar y cuyo uso no requiere esfuerzos físicos ni intelectuales, el promedio de los niños le destinan una media de más de 3 horas diarias y un 18% de ellos lo consideran la mejor opción de ocio. ¿Qué esperan u obtienen de ella para consagrarle tanta atención?

Los niños recurren a la televisión para satisfacer sus necesidades de distracción, reducir las tensiones y como medio de información. Pero sobre todo, los niños no buscan otras maneras de satisfacer estas mismas necesidades porque la televisión les es impuesta por el medio, porque no les queda otro remedio que convivir con ella. Está muy presente en el hogar, es tema recurrente de conversación con los amigos, y demasiadas veces es la única "niñera" o "compañía" que tienen. En la sociedad actual, el ver la televisión adquiere casi condición de hábito porque es una actividad que, en muchas ocasiones gracias a los mayores, está presente a cada instante de la vida familiar.

¿Qué efectos tiene la televisión en los niños? 

La televisión no es ni mucho menos, un aparato indeseable que debamos desterrar de nuestras vidas, pero debemos ser conscientes que la calidad de la programación se ha visto muy afectada por la carrera cada vez más despiadada de todas las cadenas para captar audiencia.

La televisión como un medio de entretener, divertir y sorprender le está ganando la partida, y con mucha ventaja, a la televisión como medio educativo o informativo. En los niños, sus efectos pueden ser muy negativos ya que todavía no han desarrollado un espíritu crítico y están absolutamente abiertos a todo conocimiento que les venga de fuera.

Son cada vez más los programas carentes de interés, sin ningún valor para el espectador y lo que es peor, transmisores de valores y conductas con las que en absoluto comulgamos sexismo, violencia, etc. Ofrecen modelos simbólicos relacionales entre personas, hacia las cosas materiales y hacia los valores que juegan un papel fundamental en el desarrollo emocional del niño, en la conformación de su conducta y en el de sus intereses y motivaciones. Estos modelos simbólicos no tienen porque ser siempre negativos pero numerosos estudios alertan que el alto contenido de violencia manifiesta o subliminal y de otros valores negativos en los programas contribuye a generar actitudes agresivas y a favorecer el descenso en la sensibilidad ante la violencia o la desgracia de niños y adolescentes.

Por otra parte, la publicidad, indisociable del simple hecho de ver la tele, vampiriza sobre todo a niños y adolescentes. Estos constituyen un objetivo mucho más vulnerable que los adultos porque muy a menudo engullen sus engañosos mensajes sin plantearse demasiadas cuestiones. La publicidad, que proyecta en sus inconscientes estereotipos sobre diversos aspectos socioculturales y que les da informaciones erróneas, acaba por imponerles falsas necesidades materiales o vitales y crearles ansiedades y frustraciones.

¿Qué debemos hacer los padres?

Autoridades e instituciones no han reaccionado con contundencia para poner fin a estos fenómenos que, por otra parte, son uno de los principales causantes del alto índice de "analfabetismo funcional" el que padecen aquellos que técnicamente saben leer y escribir pero que por falta de uso y costumbre, no saben aprovechar estos conocimientos. Somos nosotros los padres quiénes debemos supervisar qué uso hacen nuestros hijos de la televisión: limitar el tiempo que le dedican, seleccionar con sumo cuidado los programas que ven, y enseñarles a tener una actitud crítica frente a los contenidos de los programas.

Limitar el tiempo de televisión

Algunos pedagogos sugieren la cifra de diez horas semanales de televisión, como el máximo recomendable para nuestros hijos. Es muy razonable aunque pensamos que sois vosotros los más adecuados para reducir esta cifra, o bien ampliarla lo justo y siempre en función de la cantidad de tiempo libre que tenga vuestro hijo. Procurad que la televisión sea un pasatiempo más, no el único pasatiempo.

Si a vuestro hijo le encanta leer y jugar, no debe preocuparos demasiado que también le fascine la tele. En cambio, intentad restringir al máximo su visión y motivarle con otras cosas si sucede lo contrario.

Preguntémonos también qué ejemplo les estamos dando si en nuestra casa la televisión permanece enchufada durante horas y horas. Es muy habitual en algunos hogares que, incluso en los fines de semana, la tele esté encendida desde primera hora de la mañana. Incluso en las comidas, muy a menudo, la tele funciona sin que nadie le preste verdadera atención y entorpeciendo la charla familiar.

Enseñémosles a vivir sin ese ruido de fondo, evitemos que la televisión se convierta en un elemento central de la vida cotidiana en casa. Démosle importancia cuando un programa concreto nos interese, pero no como banda sonora y visual de nuestro día a día.

Tampoco debemos caer en la tentación de convertirla en un improvisado y efectivo "canguro" de nuestros hijos. Si no podemos ocuparnos de ellos durante algún rato porque tenemos trabajo, seguro que encontraremos actividades mucho más constructivas e interesantes para ellos que dejarlos delante de la tele. Seleccionemos los programas que ven

No todo programa infantil es bueno

Es de dominio más que público que la "programación infantil" se emite en una franja horaria muy concreta y que, fuera de esa franja, todo lo que se emite son programas dirigidos a personas adultas. Sin embargo, eso no nos exime de cierto control ya que no toda la programación infantil es deseable o educativa. Hemos apreciado cómo los programas destinados a niños caían a veces en el error de gustar a cualquier precio. Ese precio puede ser alto: el renunciar completamente a un objetivo pedagógico, el olvidar los valores a transmitir y el caer en un humor grosero, desagradable y muy poco apropiado para niños.

Por otra parte, en la franja de horario de los adultos, podemos a veces, encontrar programas muy susceptibles de gustarles y con un alto contenido educativo: documentales, películas que ya conocemos…
Acordémonos también del invento del vídeo. Estemos atentos para grabarles emisiones que valgan la pena y que puedan ver en momentos en los que la programación no ofrece nada conveniente.

Desarrollemos su espíritu crítico 

La televisión muestra, reproduce y vende unos sistemas de valores que en pocas ocasiones se ajustarán a los que nosotros propugnamos. Ahí tenemos los padres un papel fundamental. No podemos obligarles a volverse de espaldas a la televisión por "aparato subversivo", pero sí podemos intentar que sean televidentes críticos y conscientes de lo que les está ofreciendo esa "caja mágica". Si les enseñamos desde un buen principio que no todo lo que vemos por la tele es realidad, si les explicamos por qué la información que nos brinda es siempre parcial, si nos sentamos con ellos a ver la tele y comentamos los contenidos de los programas, les ayudaremos a convertirse en telespectadores activos, capaces de cuestionar o de opinar sobre los mensajes recibidos.

Hagamos pues un uso racional de la televisión. Aprovechemos sus incontables ventajas pero tomemos conciencia de los efectos que puede tener sobre todo en niños y adolescentes. Evitemos que se convierta en un animal de tentáculos que les capture, hipnotice y anule sus demás intereses y su capacidad crítica. ¡Está en nuestras manos!

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jueves, 7 de enero de 2010

LA PASIÓN POR LOS VIDEOS JUEGOS


Autores: Mª. Ángeles Pérez Montero y Francisco Javier Rodríguez Laguia
Fuente: ideasclaras@ffastur.eu
Foto: www.evisos.com.ar

El ‘boom’ de los videojuegos ha irrumpido en nuestra sociedad desde hace algún tiempo con gran fuerza, pero realmente preocupa en las familias el uso y abuso que se hace de las mismas por parte de sus miembros y en especial de los hijos.

Los videojuegos suponen la actividad de ocio preferida por los niños por encima de toda una larga lista. Incluiremos en este artículo unos datos interesantes de un estudio realizado por Microsoft y publicado en la prensa en febrero de 2003 sobre el uso, ventas, perfil, etc., aspectos todos relacionados con este mundo de los videojuegos.

Suponen también parte de lo cotidiano en la vida del niño y acaparan la atención en la conversación. Existen opiniones para todos los gustos sobre la conveniencia o no de los videojuegos. Unas están a favor, otras argumentan en contra y en medio se encuentran los padres que no sacan una conclusión clara.
Argumentos en contra

El primer argumento en contra es su elevado precio (aunque tienden a abaratarse), pero hay otro, tal vez mayor, que preocupa a los padres y educadores: los altercados en el hogar por su causa. Este tipo de problemas llega cuando se necesita la pantalla de la televisión mientras otros miembros de la familia quieren ver algún programa.

Menos problemático es su uso en ordenador, aunque menos aceptado entre los más jóvenes debido a que no consiguen la misma calidad de imagen ni es fácil siempre adaptar los controladores y accesorios en la televisión.

También debemos tener en cuenta la proliferación de juegos portátiles, los “gameboys”, que funcionan a pilas y tienen una pantallita que permite al jugador su uso en cualquier sitio y sin molestar ni permiso de nadie. El reto de hallar nuevos trucos para ser más hábiles provoca un enganche para seguir jugando.

Otros inconvenientes:

• Pueden producir nerviosismo y ansiedad.
• Pueden transmitir valores inadecuados.
• Pueden provocar un cierto retraso en el proceso de socialización e incluso un aislamiento.
• La excesiva estimulación de concentración puede llegar a provocar falta de atención hacia su entorno.

Ventajas:

Favorecen la organización espacio-temporal:
• Coordinación oculomotora.
• Desarrollo de destrezas básicas como la rapidez de reflejos y la memoria.
• Puesta en práctica de estrategias.
• Desarrollan el instinto de superación
• Algunos permiten mejorar y acrecentar la rapidez de razonamiento
• Estimulan la concentración, por lo que pueden ser muy adecuados para niños hiperactivos o con déficit de atención.

Problemas de adicción y agresividad

Pero el verdadero argumento en contra de este tipo de juegos es la adicción que provocan. Existen opiniones de psicólogos infantiles que argumentan que “los niños que pasan demasiado tiempo delante de la pantalla tienen problemas de agresividad o timidez”; mientras que otros profesionales opinan que no fomentan la agresividad por matar marcianos sino que “ayudan a concentrarse, a prestar atención y a tener reflejos”

Patricia Marks Greenfield en su libro “El niño y los medios de comunicación” (Ed. Morata 1985) dice que en estos juegos “intervienen más elementos que la coordinación ojo-mano. Algo muy importante en sí mismo. De hecho, no solo son complejos, sino que incorporan tipos de complejidad imposibles en los juegos convencionales”

Hay psicólogos que afirman que es bueno acostumbrarse a estas máquinas porque los niños vivirán en un mundo electrónico donde el ordenador es un gran arma de trabajo.
Tenemos que convivir con estos nuevos “electrodomésticos” y lo mejor sería integrarlos también de forma inteligente: jugando con nuestros hijos, ofreciéndoles jugar con sus amigos y además, iniciarlos en otro tipo de diversiones y experiencias en otros campos.

La mejor de las estrategias a seguir por parte de los padres es apelar al sentido común basándose en el conocimiento exhaustivo que tienen de su propio hijo.

Algunas otras pautas que pueden servir a los padres para controlar un uso racional de los videojuegos:

• En primer lugar debemos hacer propuestas alternativas de ocio puesto que depende de los padres que los hijos se interesen por otras actividades.
• Otra sería interesarnos por todo lo que rodea al videojuego y acompañar al chico en algunos momentos de juego..., es la mejor manera de compartir intereses con él, de conocer su mundo y sus inquietudes. Como padres nos podemos asomar también a este mundo que desborda la imaginación; nosotros también viviremos con nuestros hijos aventuras, trazaremos estrategias, adoptaremos distintas personalidades y desarrollaremos habilidades en este mundo fascinante. Sólo así sabremos qué es lo que atrae a nuestros hijos, les emociona y ¿por qué nos preocupa a nosotros?
• De los padres depende así mismo la selección de estos juegos, eligiendo aquellos que no contengan tintes sexistas, violentos o insolidarios. Los hay de estrategia como: el ajedrez o los deportivos; de aventuras fantásticas (muy solicitados) y educativos (la mayoría para ordenadores).

En general podemos apuntar las siguientes normas fundamentales:

• Debemos elegir un juego que permita grabar la parte del juego que ha sido realizada.
• Son recomendables aquellos juegos que permiten intervenir a más de un jugador. Los juegos que tienen un número interminable de pantallas generan ansiedad porque no se ve el momento de llegar al final.
• Los valores que aparecen implícitos deben ser de nuestro agrado. No son recomendables los juegos que incluyen violencia gratuita o que fomentan la destrucción.

Tipos de videojuegos

Sandra García llega a hacer una interesante clasificación de los videojuegos de la siguiente forma:
Juegos de acción: Son los que más se venden y acostumbran a presentar fuertes dosis de violencia en el argumento y desarrollo de la acción. Se prestan mucho a provocar nerviosismo y ansiedad pero son también los que mejor funcionan para que el niño que ha acumulado tensiones se desprenda de ellas. Están indicados para niños a partir de 8-9 años y precisan de nuestra supervisión antes de autorizar su uso.
Juegos de estrategia: el niño participa de forma activa en la elaboración de una estrategia para alcanzar un objetivo. Estimulan el razonamiento lógico y la reflexión. Los hay para niños a partir de 8-9 años.
Juegos de aventuras: el niño se convierte en el protagonista de su propia aventura y se sumerge en un mundo de fantasía. No presentan conflictos éticos y los contenidos suelen ser divertidos. Están indicados para niños a partir de 7-8 años.
Juegos de deportes: suelen reproducir canchas de juego y partidos de algunos deportes como el fútbol, baloncesto, etc. Los hay que están muy bien elaborados y alcanzan niveles de realismo asombrosos. Son por lo tanto complejos para los niños. Están destinados más bien a los adolescentes a partir de 14 años.
Juegos de simulación: son juegos en los que los niños adoptan un rol y en función de éste deben probar sus habilidades para alcanzar el objetivo. A menudo estos juegos plantean situaciones que en la vida real podrían resultar peligrosas. Indicados para adolescentes entre los 14 y los 15 años.
Juegos educativos: hay una gran variedad de juegos en el mercado que están pensados para incrementar o mejorar la psicomotricidad fina (destreza con las manos), el desarrollo del lenguaje (escrito y oral), las matemáticas, la orientación espacial y muchas otras habilidades y aspectos. Son especialmente recomendables. Hay una gran oferta de buena calidad y se dirigen a niños desde los 18 meses hasta los 16 años.

Los juegos tanto de TV como de PC que más gustan a los aficionados españoles son los de deportes, acción y estrategia. El último lugar de la clasificación lo ocupan los videojuegos de Rol.

En cuanto a los niveles de agresividad hay que considerar que un cierto nivel de ella no es perjudicial, ya que sirve para canalizar su energía. Cuidado si la hay en exceso: puede provocar en el niño la identificación de agresión con placer, o que se asuste y aprenda a reprimir negativamente su hostilidad.

¿Cuánto tiempo al día? 

Una pregunta que también se plantean las familias a diario es ¿cuánto tiempo al día es recomendable su uso? Según los expertos, dependiendo del uso que se haga de los videojuegos, los niños pueden incrementar la autoestima y desarrollar algunas habilidades con este tipo de ocio. Es imprescindible que los padres controlen el tiempo que sus hijos pasan delante de la pantalla. Un abuso es capaz de fomentar actitudes narcisistas y disminuir su sociabilidad. Este tipo de juegos, aunque se comparta, es un reto individual. Conviene marcar un límite de tiempo y ser estrictos en esta postura.

No es cuestión de prohibirlo o restringirlo al fin de semana, sino de encontrar un punto medio y ofrecer nuevas alternativas. Según el psicólogo Estalló Martí, después de estudiar los efectos psicológicos de los videojuegos, asegura que su uso “no facilita la aparición de ningún tipo de sicopatología ni alteración de conducta específica”.

miércoles, 6 de enero de 2010

PREMIAR A LOS HIJOS...


Autor: Francisco
Fuente: BLOG MICUMBRE.COM www.micumbre.com. Oublicado 5 de Enero 2010
Foto: www.objetores.org

ESCUELA PARA PADRES

* 10 Clases de premios
* 10 Formas de premiar y obtener buenos resultados

Los premios que dan los padres cuando educan bien a los hijos, no son recompensas como las que se otorgan en rifas, sorteos o concursos. Son regalos, galardones o pagos por méritos realizados o como consolación por haber visto frustradas sus esperanzas.

Los padres tienen que tener la misma vara para medir las correcciones, que para medir los premios y administrar la justicia con la misma intensidad, a la hora de castigar y a la de premiar. No pueden olvidarse que tienen la irrenunciable responsabilidad de decidir cuándo, cuánto, cómo y dónde premiar y corregir, pero también de responder ante la familia y la sociedad de lo realizado.

A todos nos gusta que nos premien, sobre todo si ha sido prometido o si el premio corresponde un esfuerzo extraordinario, máxime si está hecho altruistamente. Pero los premios dados a los hijos, no deben ser para tapar la culpabilidad de un mal comportamiento, hecho por algunos padres para con sus hijos, ni como pago del chantaje que los hijos hacen para portarse bien, estudiar mejor o cumplir con las obligaciones familiares que les corresponden. Los premios deben ser utilizados, para aumentar la autoestima de los hijos y como compensación o recompensa de los esfuerzos que han realizado, teniendo que tener siempre, un equilibrio entre los premios y los castigos.

Los premios tienen que ser acordes con la edad, la capacidad de hacer lo que ha realizado, los objetivos propuestos, las circunstancias y su dificultades o facilidades, la situación familiar y el entorno social en el que se desenvuelven, etc. Cada hijo es diferente y no existe una regla general para los premios, pero utilizando las virtudes y valores humanos para premiar, siempre se obtendrán los mejores resultados en la educación de los hijos.

Tienen que servir para practicar y fomentar principalmente las virtudes y valores humanos, de la fortaleza y de la caridad. Ambas virtudes, no tienen premios visibles, pero producen la satisfacción del deber cumplido, en los padres y en los hijos.

Los injustificados o excesivos premios que algunos padres dan a sus hijos, les fomentan los caprichos, el egoísmo y la creencia de que todo se merecen, sin tener que hacer ningún esfuerzo, lo que origina muchas veces, el principio de los chantajes emocionales y la disminución del nivel de autoridad paternal.

Es muy perjudicial para la credibilidad y autoridad de los padres, prometer y no cumplir. Si se promete un premio o un castigo, debe ser realizado, en ambos casos con la misma prontitud, cantidad y calidad., manteniendo un equilibrio entre ambas situaciones.

Los padres tienen que tener firmeza y consistencia con sus palabras dadas, acciones y actitudes y cumplir los compromisos acordados, procurando no acostarse nunca sin haber arreglado con los hijos las promesas hechas, tanto de premios, como de castigos.

Para los padres es muy difícil equilibrar su debilidad o fortaleza, con la cantidad de consentimiento permitido con los hijos, que pudiera crear un concepto de petición sistemática de premios, por todas las cosas que deben hacer. La valoración de los premios en función de las obligaciones, exigencias, responsabilidades, derechos, facultades, voluntariedades, etc., pero vale la pena luchar para hacerlo bien, pues los hijos se merecen todo, máxime a la hora de premiar justamente.

La educación de los hijos en las virtudes y valores humanos puede y debe estar acompañada, de premios razonables, que alimenten las ganas de conseguir los objetivos previstos de buena formación, para ello los padres deben consultar la forma de hacerlo a los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes que son las personas que mejor conocen la forma de hacerlo.

10 Clases de premios:

1. Los premios afectivos expresados con acciones amorosas, suelen ser los que mas aprecian los hijos y los que mejores recuerdos les dejan. Un gran abrazo o beso, con efusión por los logros alcanzados, un guiño de ojo de complicidad, un “tu, si lo has podido”.
2. Los premios dados anónimamente, a personas que necesitan recibirlos, porque no tienen quien se los de.
3. Los premios dados para sobornar, en casos de divorcios y conseguir atraer y dominar las voluntades de los hijos, ante las relaciones prohibidas o irregulares de los padres. Premios dados para ocultar las cosas mal hechas
4. Los premios imprevistos que se originan por actitudes y comportamientos adecuados, en situaciones inesperadas o espontáneas.
5. Los premios injustificados, desproporcionados, insultantes, etc. que no han sido soportados por ningún esfuerzo, y que sirven solamente para demostrar o aumentar, el poder del donante y en muchos casos, humillar al que los tiene que recibir.
6. Los premios liberadores de tareas, obligaciones o promesas, que son desagradables para los hijos.
7. Los premios materiales adecuados a las preferencias de los hijos, habiéndolas estudiado previamente, para aumentar el placer de recibirlos, pero siempre de acuerdo con la importancia de los hechos premiados. Tan malo es pasarse, como quedarse cortos.
8. Los premios para aumentar la autonomía, independencia, libertad, etc. de los hijos, ganados por la mayor sensatez y madurez de comportamiento familiar, social y escolar. Suelen estar relacionados con los horarios de entrada y salida de la casa, facilidades de uso del automóvil, teléfonos privados, etc.
9. Los premios pequeños, pero continuos, por motivos insignificantes de actos sencillos, voluntariamente realizados fuera de las obligaciones cotidianas, pero que mal educan a los hijos a hacer todo, en función de recibir premios.
10. Los premios previstos, pactados de antemano para cumplir objetivos reales y alcanzables, que lógicamente deben ser proporcionales a su cumplimiento y calidad de los objetivos, para evitar en su caso las frustraciones.



10 Formas de premiar y obtener buenos resultados:

1. Premiar con alegría, que se note claramente que el que premia, está más contento que el premiado.
2. Premiar con amabilidad, demostrando un trato benévolo con sencillez, cariño y simpatía, evitando la frialdad o antipatía.
3. Premiar con la amistad incluso a personas desconocidas, que han hecho un bien a la familia o a la sociedad, demostrándoles un gran afecto y procurando su bien.
4. Premiar con amor, correspondiendo al amor recibido y haciéndolo con mucho cariño, intensidad y desinterés y en su caso, sin importar la indiferencia, el odio o el desprecio recibido.
5. Premiar con equidad, de forma que haya justicia, imparcialidad, y equilibrio entre el premio dado y la acción premiada, tratando de evitar el desequilibrio negativo, para terceras personas.
6. Premiar con ética, en función de los dictados de la conciencia, pues las malas conductas o acciones, nunca deben ser premiadas por muy difíciles que hayan sido de cumplir.
7. Premiar con generosidad y magnanimidad, pero sin derroches ni despilfarros, evitando la tacañería, el egoísmo o los aviesos intereses de quien premia.
8. Premiar con humildad para que no sirva de presunción al que da y sea solamente, como prueba o reconocimiento del acto realizado.
9. Premiar con igualdad, equidad, justicia e imparcialidad, en proporción a los meritos adquiridos, para evitar las envidias por favoritismos.
10. Premiar con justicia, honestidad y ecuanimidad, desechando la arbitrariedad y los caprichos.


Otras virtudes y valores humanos que deben tenerse en cuenta cuando se premia: Bondad. Caridad. Compasión. Coherencia. Conciencia. Control. Cordialidad. Cortesía. Criterio. Desprendimiento. Dignidad. Diligencia. Entusiasmo. Gratitud. Honestidad. Honradez. Lealtad. Libertad. Moderación. Moralidad. Naturalidad. Objetivamente. Orden. Paciencia. Prudencia. Razón. Rectitud. Respeto. Responsabilidad. Sabiduría. Sencillez. Sensatez. Sentido del ridículo. Sentimiento. Serenidad. Seriedad. Simplicidad. Sinceridad. Solidaridad. Tolerancia. Verdad. Voluntad.

martes, 5 de enero de 2010

NO CALLAR ANTE LA VERDAD

Autor: Manuel Cruz - 05/01/2010
Fuente: ideasclaras@ffastur.eu
Foto: del mismo boletin de dicha fuente.

El director de la oficina de informacion de la Comision Episcopal Española envia una carta al diario "El Mundo" en la que recuerda que "no pueden comulgar quienes apoyen publicamente una ley que no proteje de forma adecuada el derecho a la vida".

Cuando no se quiere reconocer la verdad, ya se sabe: se recurre a cualquier pretexto para eludirla, manipularla, falsearla o, simplemente, negarla. Es lo que sucede con la curiosa insistencia del presidente del Congreso, José Bono, en afirmar que se puede apoyar la ley del aborto sin trabas y ser católico e, incluso, desafiar a la Iglesia a la que dice pertenecer al confesar públicamente que ha comulgado varias veces después de dar su respaldo a una ley que va contra la doctrina católica.

Vaya por delante que el señor Bono puede hacer con su conciencia, sus creencias y sus afectos partidarios lo que le parezca oportuno, para eso es libre de asumir la responsabilidad que eso implica. Otra cosa muy diferente es considerar como veraces sus opiniones cuando tratan de poner en duda el magisterio de la Iglesia. Es lo que viene pretendiendo desde el momento en que la Iglesia advirtió públicamente a los políticos en general del grave pecado que cometería un católico –más en el caso de una notoria autoridad pública- si decide respaldar con su voto una ley que va contra la vida humana.

El pretexto argüido por José Bono es todo un montaje de hipocresía que a nadie puede engañar: puesto que, en cierta medida, parece admitir que ser católico y votar una ley nefanda puede ser incompatible, se sacó de la manga el argumento de que la nueva ley, llevada por su partido al Congreso del cual es presidente, es “mucho mejor” que la ley aún vigente porque disminuirá el número de abortos. Es como si afirmarse que en la oscuridad de la noche se ve mejor que con la luz del día... Si la ley de 1985 exigía tres supuestos muy concretos para poder abortar sin incurrir en delito, la nueva ley los elimina y deja a la mujer embarazada plena libertad para interrumpir su embarazo hasta la semana 14 de gestación, como si fuese un derecho. ¿Se mejora así la ley? Para el católico Bono parece ser que sí, lo mismo que a la feminista Bibiana Aido y al ideólogo de género Rodríguez Zapatero. Pero la falacia no cuela.

El señor Bono insiste, además, en otro engaño: acusar a la Iglesia de que no se puede ser católico y votar socialista, lo cual es un manifiesto ataque a la verdad. La Iglesia nunca ha dicho eso. Otra cosa es que el señor Bono haya asimilado de tal modo el aborto con la ideología socialista que considere ya inseparables ambos conceptos. ¿En este caso, qué significa para el señor Bono ser socialista? A juzgar por sus declaraciones, obviamente significa ser partidario del aborto como derecho. Y acaso, en cierto modo, puede que sea verdad aunque hay muchos socialistas que abominan del aborto.

La carta de Isidro Catela

El caso es que, después de que reiterase sus argumentos en una entrevista concedida al diario “El Mundo”, cuya línea editorial no rechaza precisamente el aborto, el director de la Oficina de Información de la CEE, Isidro Catela, se ha visto obligado a remitir al citado periódico una carta para que nadie se llame a engaño y en la cual se reitera la posición de la Iglesia en torno al aborto: La ley, afirma la carta en contra de lo que ha afirmado el señor Bono, supone "un serio retroceso en la protección de la vida de los que van a nacer"; niega que un político pueda invocar a su favor un fragmento de la encíclica "Evangelium vitae", y vuelve a aclarar que no pueden comulgar quienes apoyan "públicamente" o votan "una ley que no protege de forma adecuada el derecho a la vida de los que van a nacer".

La carta de Isidro Catela recuerda la 'Declaración sobre el Proyecto de Ley del Aborto de la Conferencia Episcopal que explica que dicho proyecto supone un serio retroceso en la protección de la vida de los que van a nacer. “Ante todo, porque el aborto pasa a ser tratado como un derecho de la mujer; pero también, porque entiende la salud –cuya puesta en peligro sería razón para abortar- como “bienestar social”, además de “físico y psíquico”; y porque impone en el sistema educativo la propaganda del aborto".

Como consecuencia, añade, "nadie que se atenga a los imperativos de la recta razón puede dar su apoyo a esta ley; los católicos, además, tampoco pueden hacerlo en virtud de la coherencia con la propia fe. En este caso no es posible invocar Evangelium vitae, según la cual un católico sólo puede votar una ley abortista cuando se trate de una norma que restrinja la injusticia de la legislación vigente, supuesto siempre que no se pueda hacer otra cosa y que conste públicamente que quien se ve obligado a actuar de esa forma es contrario a toda ley que no proteja adecuadamente el derecho inviolable a la vida de los que van a nacer".

Recuerda por último la carta que en 2004 la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos de América actuó de la misma manera que la española y "en varias ocasiones no fueron admitidas a la Sagrada Comunión, personas que públicamente habían dado su apoyo o su voto a una ley que no protegía de forma adecuada el derecho a la vida de los que van a nacer". La carta aclara, además, que las explicaciones anteriores obedecen a la "doctrina de la Iglesia sobre estas materias, válida en todo el mundo para cualquier católico con independencia de filiaciones políticas y sin mencionar, en ningún caso, a nadie en particular".

La obligación de no callar

La conclusión es simple: la Iglesia no puede callar ante unas declaraciones públicas que atentan contra su doctrina. Más aún: es su obligación dejar las cosas claras para que nadie se llame a engaño. Ni el señor Bono está capacitado para dar lecciones de moral a la Iglesia ni la Conferencia Episcopal puede dar por buena una actuación que incurre en grave pecado. Si el señor Bono ha comulgado después de las reconvenciones públicas recibidas una vez que ha apoyado la ley del aborto, debe saber que puede haber cometido un grave pecado, por mucho que su conciencia no le acuse de nada.

Pero, como él mismo suele decir, esta es una cuestión de conciencia. El pecado no es delito civil, pero si lo es moral. Ya sabemos, no obstante, que la moral socialista es el relativismo, el todovale, el hacer lo que apetezca cuando apetezca. Pero, por favor, que no alardee más de su catolicidad y deje de escandalizar con sus comuniones aunque sean con rosquillas.

Bono erre que erre 

sábado, 2 de enero de 2010

CUANDO LOS HIJOS SE ALEJAN DE DIOS



Autor: anonimo
Fuente: ideasclaras@ffastur.er
Foto: del mismo boletín


Qué hacer cuando los hijos se alejan de Dios 

Preocupa enormemente a los padres cuando sus hijos adolescentes o jóvenes toman una postura negativa ante Dios, teniendo en cuenta que en el hogar se les transmitieron los valores religiosos y años después, cuando alcanzan un poco de autonomía, libertad y razón, han decidido rechazar todo lo que represente Dios.
Cuando esta situación se presenta en las familias, algunos padres pueden reaccionar de manera coercitiva obligando al hijo a asistir a Misa o a las diferentes celebraciones religiosas. Otros padres optarán por dejarlo que se aparte y que él mismo vuelva a encontrase con Dios.

Partiendo de la base que no es fácil esta dificultad con los hijos, lo importante es obrar de una manera adecuada para impedir que ese alejamiento se aumente, pues muchas veces la sola reacción de los padres es la que hace que los chicos se aparten aún más.

Antes de explicar qué hacer cuando sucede esta problemática, debemos analizar previamente algunos factores determinantes:

La fe tiene varias etapas

La fe también tiene un ciclo natural en la vida del ser humano. Así como explicaba el Padre Calixto en su artículo para el periódico El Colombiano: “Nuestra vivencia religiosa discurre por cuatro etapas: Aquella fe de la primera Comunión. Una segunda que vivimos durante la adolescencia, llena de incertidumbres y altibajos. Otra más, que se esfuma y puede morir en nuestra edad adulta. Y quizás una cuarta: Fe recobrada, cuando ayudamos a los hijos en sus tareas de religión”.

Rebeldía, característica propia de los adolescentes 

En esta etapa de la vida, los seres humanos atraviesan una etapa de inconformismo y un querer cambiar el statu quo. Muchas veces, ni siquiera saben contra qué se están rebelando, pero es esa búsqueda de identidad que ronda en sus mentes, la que los impulsa a desestabilizar todo lo que los rodea, incluso sus padres. Hay casos en que ni siquiera se rebelan ante Dios, sino ante sus propios papás, los cuales se convierten para ellos en una amenaza constante durante la adolescencia. Si entendemos este contexto, podemos darnos cuenta de que la raíz del problema es otro y no necesariamente tiene que ser Dios.

Malas influencias

Una persona cercana a nuestro hijo, puede estar haciendo las veces de cuestionador de la fe. No nos olvidemos que durante la adolescencia y/o juventud los amigos son las personas más influyentes en nuestros hijos. Y una mala amistad puede hacer mucho daño. Cuando veamos cierto rechazo de nuestro hijo hacia la religión, comencemos a indagar sobre sus amistades, conozcámoslos, invitémoslos a casa y ojalá tengamos algún contacto con sus familias.

Si confirma que este es el problema, ni se le ocurra prohibir esta amistad, lo único que logrará será sentar una guerra con su hijo. Tendrá que usar otras tácticas más sutiles que lo alejen de esa inconveniente persona.
El control extremo

Ya no son niños y eso debe quedar muy claro. Ellos han crecido y son personas que pueden razonar, elegir y tienen poder de decisión, aunque todavía sean inmaduros. Cuando ejercemos un control extremo sobre los hijos, se nos puede devolver en nuestra contra. A estas edades, se supone que hemos educado en valores y confiamos en la educación que le hemos infundido a lo largo de estos años. Por tanto, no es recomendable obligarlos ni imponerles la religión, pues terminarán objetándola.

¿Qué hacer entonces?

1. Acompañarlos, nunca dejarlos solos
No nos engañemos, cuando nosotros mismos pasamos por la etapa adolescente también pudimos haber sentido desasosiego y algo de rebeldía. Así que hagamos un esfuerzo por comprender al hijo y acompañarlo en este proceso.

2. Nada de reproches y regaños
Aunque sabemos que nuestro hijo está equivocado, no es motivo para hacerle reproches o comentarios que lo hagan sentir mal. Este tema no se debe convertir en un tormento ni un espacio de “cantaleta” y regaños. Por el contario, el diálogo ameno y positivo le dará mejores resultados.


3. Nuestro ejemplo y coherencia
No hay mejor educador que el ejemplo. Debemos ser coherentes con la Palabra de Dios y hacer que nuestras obras sean acordes a lo que profesamos. Si los hijos ven que tratamos bien a las personas, somos honestos, respetuosos, responsables, pacientes, caritativos, amorosos, ellos captarán el mensaje y terminarán aceptando los beneficios de tener a Dios en la vida.

4. Hablarles positivamente de Dios, como un amigo, no como un castigador
Debemos transmitirles a los hijos la enseñanza de Dios de forma positiva, pues el Señor nos quiere a todos y perdona nuestras fallas. Presentémosle a Jesús como su amigo, su compañía, su protector.

5. Rezar por nuestros hijos
Por último, lo mejor que podemos hacer, es rezar por nuestros hijos, encomendárselos a la Virgen María para que vuelvan y se acerquen de nuevo al Señor.

PARECE UN CUENTO, PERO NO LO ES

 Autor: anonimo

Fuente: anonimo (enviado por José Rogelio Bejarano)
Foto: www.nazaret.org


Testimonio Real

Todos los domingos por la tarde, después del servicio mañanero en la iglesia, el Sacerdote y unos niños iban por las calles de la parroquia a repartir volantes a cada persona que veían. Este domingo en particular, cuando llegó la hora de ir a repartir los volantes, el tiempo estaba muy frío y comenzó a lloviznar. Uno de los niño, de escasos 11 años, se puso su ropa para el frío y le dijo al Scerdote, 'OK, padre, ya estoy listo'.

El sacerdote, le dijo, 'Listo para qué?'

'Padre, es hora de ir afuera y repartir nuestros volantes..'

El sacerdote respondió, 'Hijo, esta muy frío afuera y está lloviznando.'

El niño miró sorprendido a su pastor y le dijo, 'Pero PADRE, la gente se esta yendo al infierno aún en los días lluviosos.'

El sacerdote contestó: 'Hijo yo no voy a ir afuera con este tiempo..'

Con desespero, el niño dijo, 'Padre, puedo ir yo solo?.... Por favor?

El sacerdote titubeó por un momento y luego dijo: 'Hijo, tú puedes ir. Aquí tienes los volantes, ten cuidado.'

'Gracias padre!'


Y con esto, el niño se fue debajo de la lluvia. El niño de 11 años caminó muchas de las calle de la parroquia repartiendo los volantes a las personas que veía.

Después de 2 horas caminando bajo la lluvia, con frío y su último volante, se detuvo en una esquina y miró a ver si veía a alguien a quien darle el volante, pero las calles estaban totalmente desiertas. Entonces él se viró hacia la primera casa que vio, caminó hasta la puerta del frente, tocó el timbre varias veces y esperó, pero nadie salió.

Finalmente el niño se volteó para irse, pero algo lo detuvo. El niño se volteó nuevamente hacia la puerta y comenzó a tocar el timbre y a golpear la puerta fuertemente con los nudillos. Él seguía esperando, algo lo detenia ahí frente a la puerta. Tocó nuevamente el timbre y esta vez la puerta se abrió suavemente.

Salió una señora con una mirada muy triste y suavemente le preguntó, 'Qué puedo hacer por ti, hijo.'

Con unos ojos radiantes y una sonrisa que le cortaba las palabras, el niño dijo, 'Señora, lo siento si la molesté, pero sólo quiero decirle que *JESÚS REALMENTE LA AMA* y vine para darle mi último volante, que habla sobre JESUS y SU GRAN AMOR. El niño le dio el volante y se fue.

Ella lo llamó y le dijo, 'GRACIAS, HIJO, y que DIOS te bendiga.'


Bien, el siguiente domingo por la mañana el sacerdote estaba en Eucaristía y cuando comenzó la homilia preguntó, 'Alguien tiene un testimonio ó algo que quiera compartir?.

Suavemente, en la fila de atrás de la iglesia, una señora mayor se puso de pie. Cuando empezó a hablar, una mirada radiante y gloriosa brotaba de sus ojos, 'Nadie en esta iglesia me conoce. Nunca había estado aquí, incluso todavía el domingo pasado no era Cristiana Catolica. Mi esposo murió hace un tiempo atrás dejándome totalmente sola en este mundo. El domingo pasado fue un dia particularmente frío y lluvioso, y también lo fue en mi corazón; ese día llegué al final del camino, ya que no tenía esperanza alguna ni ganas de vivir. Entonces tomé una silla y una soga y subí hasta el ático de mi casa. Amarré y aseguré bien un extremo de la soga a las vigas del techo; entonces me subí a la silla y puse el otro extremo de la soga alrededor de mi cuello. Parada en la silla, tan sola y con el corazón destrozado, estaba a punto de tirarme cuando de repente escuché el sonido fuerte del timbre de la puerta. Entonces pensé, 'Esperaré un minuto y quien quiera que sea se irá'.

Yo esperé y esperé, pero el timbre de la puerta cada vez era más insistente, y luego la persona comenzó a golpear la puerta con fuerza. Entonces me pregunté, QUIEN PODRÁ SER? Jamás nadie toca mi puerta ni vienen a verme! Solté la soga de mi cuello y fui hasta la puerta, mientras el timbre seguía sonando cada vez con mayor insistencia.

Cuando abrí la puerta no podía creer lo que veían mis ojos, frente a mi puerta estaba el más radiante y angelical niño que jamás había visto... Su sonrisa, ohhh, nunca podré describirla! Las palabras que salieron de su boca hicieron que mi corazón, muerto hace tanto tiempo, volviera a la vida, cuando dijo con voz de querubín , 'SEÑORA , sólo quiero decirle que JESÚS REALMENTE LA AMA'

'Cuando el pequeño ángel desapareció entre el frío y la lluvia, cerré mi puerta y lei cada palabra del volante. Entonces fui al ático para quitar la silla y la soga. Ya no las necesitaría más. Como ven ---- ahora soy una hija feliz del REY. Como la dirección de la iglesia estaba en la parte de atrás del volante, yo vine personalmente a decirle GRACIAS a ese pequeño ÁNGEL DE DIOS que llegó justo a tiempo y, de hecho, a rescatar mi vida de una eternidad en el infierno.'

Todos lloraban en la iglesia, y le daban Gloria y honor al REY DE REYES. El sacerdote bajó del pulpito hasta la primera banca del frente, donde estaba sentado el pequeño ángel; tomó al niño en sus brazos y lloró y gimió incontrolablemente.

Probablemente la iglesia no volvió a tener un momento más glorioso, y probablemente este universo nunca ha tenido un sacerdote (padre) más lleno de amor y honor por un niño.....excepto por uno. Este otro PADRE permitió a su HIJO venir a un mundo frío y oscuro, de modo que Él recibió de regreso a su Hijo con una alegría indescriptible; y todo el cielo le dio gloria y honor a su Hijo amado, el REY DE REYES, a quien sentó a la diestra de su trono y le dio poder sobre todo principado, y cuyo nombre está sobre todo nombre, JESÚS.

Dios bendiga tus ojos por leer este mensaje. No permitas que este mensaje muera de frío; después de leerlo, pásalo a otros..

Recuerda, el mensaje de DIOS puede hacer una gran diferencia en la vida de alguien cerca de ti .

Y que siempre existan esos fieles comprometidos, fiel reflejo de sus sacerdotes. Que sepamos que no hay tiempo para la pereza y que ni el frío, ni el calor puedan detener mi evangelización, sencilla y humilde , pero grande ante Dios.


ALGUIEN NECESITA DE TI EN ESTE INSTANTE.

jueves, 31 de diciembre de 2009

EDUCACIÓN O VULGARIDAD




 Autor: Emili Avilés
Fuente: ideasclaras@ffastur.eu
Foto: www.inquietamente.wordpress.com

A nadie se le oculta que la calidad de nuestro sistema educativo es una de las asignaturas pendientes de nuestro país y que la falta de competitividad es uno de los principales problemas que tenemos en España. Esa conjunción fatal provoca, entre otras muchas cosas, el enquistamiento del gravísimo desempleo que padecemos. Por lo que a la educación respecta, creo que algunas causas de esta difícil situación son: insuficiente motivación creadora, poca laboriosidad e inadecuada preparación, que intentan compensarse en muchas ocasiones con agresividad, individualismo y vulgaridad.

Cuando digo vulgaridad, no me refiero exactamente –aunque la rechazo- a la poca finura de los “reality shows” ni a comunicadores-conversadores (¿?) que recurren a la fórmula escatológica y genital para conseguir la risotada fácil y el máximo “share”. Pero sí, a un clamor animal persistente que nos rebaja en nuestros objetivos y proyectos.

O sea, podríamos hablar de la vulgaridad de espíritu, frente a la cual es preciso responder con una educación de mayor nivel, que atienda, desde pequeños y especialmente en la familia, la formación integral, también en virtudes y valores, gracias a un trato asiduo con la verdad, el bien, la belleza… No tengamos, pues, apuro en denunciar la vulgaridad, que es como una cuchillada trapera a la buena convivencia y al desarrollo de un país. Sin esta reivindicación, los pactos educativos que se avecinan, necesarios desde hace ya muchos años, no van a ser suficientes para llegar de forma capilar y eficaz a todos los ciudadanos.

Para que un hombre sea de valor para el mundo, ha de tener educación. Pero también ha de haber aprendido a amar con obras: Eso es lo más culto, lo más alejado de la vulgaridad, sin buscar rentas inmediatas de tipo material o económico, superando superficialidades y relaciones sólo a nivel de epidermis.

No saldremos de ninguna crisis hasta que todos –o al menos un gran mayoría- nos desvivamos por conocer y comprender mejor, poner el alma y convertir “en oro” cultura y aprendizajes, virtudes y defectos, belleza y dolor.

Ortega y Gasset tituló “Azorín: Primores de lo vulgar”, a uno de sus magníficos ensayos, pero con el fin de elogiar la hermosura de lo pequeño y sencillo, no de la tontería. Por eso pudo escribir también que: “La masa arrolla lo diferente, egregio, individual, calificado y selecto. Quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo, corre el riesgo de ser eliminado”.

Entonces, ¿en qué posición nos colocamos la gente de la calle, que paga sus impuestos y las facturas a veces a contrapelo, que nunca vamos a ser noticia? Pues, considero que nos valdrá de mucho por lo menos evitar la mediocridad moral, las estupideces y las bellaquerías que se reparten, gratis total, al por mayor.

Cuando alguien es vulgar, desgraciadamente que casi seguro lo es en todo. La vulgaridad es aburrida, es enemiga del riesgo, aunque sólo fuera el de atreverse a pensar. Es posible denunciarla, incluso en uno mismo, pero a menudo raya con la tontuna por lo que no se reconoce ni en el espejo más sincero de la amistad o del cariño. Por eso hace falta mucha humildad, mucho respeto mutuo, abrir el corazón, mucha paciencia…

Considero que quienes han de liderar la organización educativa de un país, e incluso la economía, también necesitan saber a fondo qué es el hombre, dando ellos mismos estímulos de ejemplaridad y capacidad de sacrificio. Y es que, los primeros “niños caprichosos” han sido precisamente quienes deberían haber puesto prudencia y remedio en la lamentable situación a la que nos enfrentamos desde ya hace varios años. Es tiempo de rectificar, de una vez por todas.

Con ese fin, sean bienvenidos los acuerdos educativos de gran calado entre PP y PSOE. Por mi parte, les animo a los responsables públicos a tener en cuenta medidas que ayuden a revitalizar la reflexión personal desde jóvenes. Y para eso necesitamos conocer a fondo la herencia humanística de Europa, pues será fortaleza para las crisis de este nuevo siglo. Sí amigos, recuperemos las Humanidades clásicas, sin descafeinar, en Secundaria, Bachillerato y en la Universidad. Superemos al “hombre-masa”, niño mimado y pretencioso, que sólo piensa en derechos pero no en deberes.

Tal vez la clave estará en aprender a ver el bien a nuestro alrededor, saber contemplar la belleza. Como dice el filósofo de la juventud, mi gran amigo José Ramón Ayllón, parafraseando a Platón: “En realidad la belleza es la llamada de otro mundo para despertarnos, desperezarnos y rescatarnos de la vulgaridad”.

Pues, ¡ea!, que la atracción de esa belleza no nos falte tampoco en el 2010. ¡Feliz Año Nuevo!
Emili Avilés
Profesor especialista en Pedagogía Terapéutica y Educación Familiar

domingo, 27 de diciembre de 2009

VEINTE DIEZ




Autor: Hugo Luis Daher
Foto: www.noticiasnoe.com

Entrando a este año me viene a la cabeza la condición humana con que vamos a afrontarlo y se torna algo monótono, insípido y quizás aburrido.

Entramos con batallas perdidas para algunos luchadores empedernidos de los “derechos doblados”. ¿Qué es esto? Sencillamente lo que se reclama mal, hay razones para reclamar legítimamente ciertas cosas, pero no se puede razonar tan mal cuando lo reclamado, que de por sí es algo extraordinario, se lo pretenda encauzar, cubicar, dentro de las medidas y del orden que naturalmente corresponden a ciertos derechos. Otros siguen sin ton ni son el ritmo del oleaje cotidiano y otros se quedaron sin poder hacer eco de los reclamos por la equidad, ya sea por falta de medios, ya sea por falta de repuestas causadas por la mediocridad asumida por tantos.

¿De qué hablo? Y! , del derecho a la vida, del derecho a la sexualidad, a morir dignamente, de los derechos que me asisten por el género que naturalmente me tocó, de los que me corresponderían por opción, del derecho a estudiar, a trabajar, a estar sano, a tener techo, del derecho a ser feliz…

Todo esto trae aparejada la cuestión de la crisis del ser humano en la actualidad ya que no se sabe muy a ciencia clara que es lo que el hombre (y cuando pongo hombre entiéndase mujer o varón), piensa de sí mismo, quién se cree que es, qué valor da a su existencia, cómo encararía la vida, en definitiva cómo resolver la cuestión de estar aquí y ahora uno mismo y no otro.

Hombre que estás como una perinola dando vueltas sobre ti mismo y esperando que la suerte esté de tu lado y la verdad que mientras caes en suerte ya otros poderes están esperándote para devorarte. Te parten y te reparten, pocas veces no te toman pero sigues girando hacia un destino fatal por la sencilla razón de que la manija de tus movimientos la tienen otros, estás esclavo dando vueltas sobre ti mismo sin poder escapar de este círculo de vicio y de nada…

Hombre que desde tí sólo te queda la opción de salir hacia el exterior donde podrás sintonizar con el todo porque realmente te has quedado particularizado cómo queriéndote saber dueño de ti mismo, totalmente autónomo, soberbiamente autosuficiente y de hecho los límites y las contingencias dia a dia te conducen a la frustración que trae el vacío y la nada…

Hombre que te entretienes con mil pasatiempos hechos por ti mismo o para tí mismo para pasar el dolor de la angustia existencial entregándote a una desolación interior venida de la desconexión con tu medio natural; te artificializas cada vez con mayor frecuencia, con mayor intensidad, queriendo llenar los anhelos de felicidad y plenitud que te son espontáneos y casi infinito con miles de banalidades…

Hombre que te confundes o que te confunden desviándote del bien que necesitas, de la alegría que sufres de ausencia, del calor que lloras en tu frío y sombrío interior… hombre falto de luz que te revuelcas como un bebé desesperado de amor y cuidado maternal, hombre que sufres miedos y cobardías en tu interior reclamando con dureza criminal la exigencia y la seguridad que te debe el padre ausente…

Hombre que eres lo más bello, importante y digno que podamos conocer, mira en tí mismo la creación fabulosa que eres, y si no te sientes creado mira lo maravilloso que eres, no tienes comparación, y siente el amor con que se te hizo, el amor que hay en tí, el cuidado que se puso en tí, ¡cuídate y no dejes que te sigan haciendo vejaciones! ¡Levanta tu vista, mira, tienes un destino mayor, el más grande de entre lo que te rodea, un destino de máxima dignidad, un destino de pura realeza que solo se alcanza caminando codo a codo con el otro, con los demás! Un destino hacia el todo, totalmente íntegro, hacia lo infinito, hacia la plena felicidad, porque sencillamente así lo deseas.

jueves, 24 de diciembre de 2009

SIN CURAS NO HAY PARAISO


Autor: David Calahorra
Fuente: ideasclaras@ffastur.eu
Foto: www.novabella.org

Carta de Navidad de un sacerdote de nuestra diócesis

Del 19 de junio de 2009 al 11 de junio de 2010, el Papa Benedicto XVI ha invitado a toda la Iglesia a celebrar un año jubilar dedicado al sacerdocio, con ocasión del ciento cincuenta aniversario de la muerte de San Juan María Vianney, el santo cura de Ars (Lyon, Francia), patrón de los sacerdotes. Aprovecho esta carta, que os mando como felicitación de Navidad, para animarnos a que demos gracias a Dios por el regalo de tantos sacerdotes como han pasado por nuestras vidas y que nos han hecho tanto bien.

Como señala el Papa en la carta con la que convoca este año jubilar, ha habido situaciones deplorables y nunca lo suficientemente condenadas en las que algunos sacerdotes han tenido comportamientos indignos de su vocación, inaceptables en cualquier cristiano, pero aun más en un sacerdote. Siendo esto verdad, no lo es menos que son muchos más los buenos sacerdotes que, día a día, en la historia de nuestros pueblos y ciudades han dado y dan la vida de modo silencioso, de espaldas a la fama y los aplausos, únicamente preocupados en hacer todo el bien que pueden. Cuántos deben a su cura haber aprendido a leer y a escribir, la ayuda para acceder a mejores estudios o a un puesto de trabajo, el pan que a veces ha faltado y todavía hoy sigue faltando en las familias necesitadas, el consejo para las grandes incertidumbres de la vida, el consuelo en el dolor, la compañía en los peores momentos,… y todos les debemos sus oraciones y sacrificios, que sólo Dios ve y que esperamos que él mismo les recompense.

Nuestro país tiene una marcada herencia anticlerical, fomentada por el chiste y la burla fáciles. Nos hemos vuelto desagradecidos y abunda una amnesia histórica que no nos deja recordar nuestras raíces. Hemos olvidado que los sacerdotes han estado en el origen de la enseñanza para todos, de los hospitales, las universidades, los servicios sociales, la defensa de los derechos y la dignidad del mundo laboral,… han sido y son el mejor ejemplo de creatividad a la hora de dar respuesta a las mil y una necesidades de cada realidad. Este año sacerdotal quiere llamarnos a todos a valorar lo que el sacerdocio ha significado y significa para el bien de la Iglesia y de la sociedad.

Tanto el pasado siglo como el que estamos estrenando pueden resumir su historia con la siguiente expresión: “el Paraíso no existe en la tierra”. Los regímenes totalitarios, los avances técnicos y científicos, la política, el desarrollo económico, las ideas y modas revolucionarias… nos han prometido y hasta a veces nos han hecho creer que tendríamos el paraíso en la tierra. Ese paraíso que tanto desea cada uno en su corazón, la felicidad que incansablemente buscamos, hay quien no deja de ofrecérnosla ya, fácilmente, del modo más cómodo y más barato. Pero lo que al final estamos consiguiendo es una gran frustración, una desesperanza que nos lleva a conformarnos con cualquier cosa y a llamarle paraíso a experiencias, momentos y sensaciones que no son capaces de satisfacernos plenamente. “Estamos de vuelta”… y es normal, porque el Paraíso no nos lo puede dar nada ni nadie de este mundo.

Dios, que nos ha creado y ha puesto en todo ser humano el mismo deseo infinito de felicidad, ha entrado en nuestra historia, se ha hecho hombre y de este modo ha introducido en nuestro mundo el verdadero Paraíso que es él mismo. El Paraíso es una persona con nombre propio: Jesucristo. Él es nuestro Dios, el único que puede saciar el deseo de nuestro corazón. Jesús es el verdadero Cielo, el verdadero Paraíso que disfrutaremos plenamente en la vida eterna, pero que se hace presente ya aquí, en la tierra, por los sacramentos y la vida de la Iglesia. Cada vez que celebramos la Misa o nos ponemos ante Jesús-Eucaristía podemos decir que ya estamos pregustando el Cielo. Sin sacerdotes no hay Eucaristía, no hay perdón de los pecados, no hay sacramentos… sin curas no hay Paraíso.

Asi lo expresaba el cura de Ars: "Si desapareciesen los sacerdotes, no tendríamos al Señor. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. ¿Quién ha recibido vuestra alma apenas renacida en el bautismo? El sacerdote. ¿Quién la nutre con la Eucaristía para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote. Y si esta alma llegase a morir (a causa del pecado), ¿quién la resucitará y le dará el descanso y la paz? También el sacerdote... ¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo!... Él mismo sólo lo entenderá en el cielo". Estas afirmaciones, nacidas del corazón sacerdotal del santo párroco, pueden parecer exageradas. Sin embargo, revelan la altísima consideración en que tenía el sacramento del sacerdocio. Parecía sobrecogido por un inmenso sentido de la responsabilidad: "Si comprendiéramos bien lo que representa un sacerdote sobre la tierra, moriríamos: no de pavor, sino de amor... Sin el sacerdote, la muerte y la pasión de Nuestro Señor no servirían de nada. El sacerdote continúa la obra de la redención sobre la tierra... ¿De qué nos serviría una casa llena de oro si no hubiera nadie que nos abriera la puerta? El sacerdote tiene la llave de los tesoros del Cielo: él es quien abre la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes... Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote y adorarán a las bestias... El sacerdote no es sacerdote para sí mismo, sino para vosotros".

No hace mucho encontré este simpático texto de autor desconocido. Su título es “El sacerdote: Signo de contradicción”. Dice así:

Si es puntual para la Misa … lleva el reloj adelantado.
Si empieza tarde la Misa … nos hace perder el tiempo a todos.

Si hace obras en la iglesia… despilfarra el dinero.
Si no las hace… le interesa poco la iglesia.

Si tiene amigos ricos… vive con los que mandan.
Si se rodea de pobres… es un revolucionario.

Si es joven… le falta experiencia.
Si es mayor… debería jubilarse.

Si hace salidas con los jóvenes… descuida la parroquia.
Si no las hace… es que no se preocupa de los jóvenes.

Si participa en las actividades del pueblo… quiere meterse en todo.
Si no participa… desconoce la realidad de la gente.

Y… si el Obispo cierra la Parroquia por falta de sacerdotes…
entonces todo el pueblo firma una carta de protesta.

Si falta el sacerdote, ¿quién le sustituirá?

Si alguien quiere hacer algo por este mundo, nada mejor que dar la vida como sacerdote. La tarea es dura, hay que despertar a un mundo dormido, pero merece la pena. Sólo Dios sabe la alegría impagable que reciben nuestros pobres corazones de sacerdote, cuando vemos en la intimidad de las personas cómo Dios devuelve la alegría, la esperanza, la dignidad… Si hay algo que necesita este mundo son sacerdotes y buenos sacerdotes, sacerdotes santos. Hombres dados a tiempo completo, entregados en cuerpo y alma por el bien de las personas, en sus necesidades materiales y sobre todo en las espirituales, de las que estamos tan necesitados y para las que el sacerdote es imprescindible. Yo sólo puedo decir que soy inmensamente feliz, que no me cambio por nadie, y que mil veces que naciera, mil veces que volvería a ser sacerdote.

¡Feliz Navidad y próspero año nuevo!

David Calahorra, párroco de Valdeolmos-Alalpardo
Miembro del Equipo de Pastoral Vocacional

AMIGO DE JUAN PABLO II


Autor: Pedro Beteta (Doctor en teología)
Fuente: ideasclaras@ffastur.eu
Foto: www.absurda_revolucion.blogia.com

El hombre que no imaginó en ser Papa ni en beatificar a su amigo Juan Pablo II


Era abril de 2005. El cardenal Joseph Ratzinger oficiaba, en unión con muchos obispos venidos de todo el mundo, los funerales por el eterno descanso de Juan Pablo II. Las escenas que ofreció la televisión nos han dejado un recuerdo imborrable de ese evento, pero éste fue especialmente conmovedor cuando se dirigió al balcón desde donde tantas veces el Papa Juan Pablo II había dirigido la palabra bendiciendo a la multitud, y mientras lo miraba dijo improvisando: “Ninguno de nosotros podrá olvidar como en el último domingo de Pascua de su vida, el Santo Padre, marcado por el sufrimiento, se asomó una vez más a la ventana del Palacio Apostólico Vaticano y dio la bendición Urbi et Orbi por última vez. Podemos estar seguros de que nuestro amado Papa está ahora en la ventana de la casa del Padre, nos ve y nos bendice. Sí, bendíganos, Santo Padre” (1).

El cardenal Ratzinger no imaginó ni deseó jamás ser el sucesor de Juan Pablo II. Había abandonado Baviera hacía veintitrés años para ir a Roma, cuando le llamó el Papa para trabajar junto a él. Echaba mucho de menos Alemania. De hecho, durante esas tres semanas de Sede Vacante que hubo en la Iglesia, él, como cardenal decano del Colegio Cardenalicio, tuvo que hacer cabeza y tomar decisiones.

Tras el fallecimiento de Juan Pablo II, la prensa y la televisión se hicieron eco mundial del acontecimiento que llegó reunir a la gran mayoría de los mandatarios del planeta en Roma –cosa insólita–; yendo entre ellos, los tres últimos presidentes de Estados Unidos. Y, sobre todo, más de tres millones de peregrinos. El primer día, la inmensa mayoría procedía de la población romana, el segundo día se sumaron gentes venidas de toda Italia, y el tercero, multitudes de todas partes del mundo poblaron Roma y coreaban –también con pancartas–: “santo, ya”.

Este espontáneo grito, acompañado de pancartas, por el que miles de personas pedían una canonización inmediata –que es una fórmula de canonización por aclamación, como al principio de la cristiandad– era algo inaudito. Además, este hecho fue visto de buen grado por millones de telespectadores católicos. Así las cosas, alguien preguntó al cardenal Ratzinger que hiciera alguna declaración oficial para los medios desplazados en Roma sobre este asunto que ya portada en muchos periódicos. Su respuesta vino a ser algo así como: no se preocupen ustedes como tampoco me preocupo yo. Esa decisión le tocará tomarla al siguiente Papa, no a mí. Bien lejos de su mente estaba, por tanto, que iba a ser precisamente él quien abriría –acortando los tiempos previstos– el proceso de beatificación, tras su elección como Romano Pontífice.

Si el comentario hecho por el cardenal Ratzinger dejaba claro qué lejos de su mente de estaba el deseo de ser Papa, éste no dudó en decirlo al poco de ser elegido Sumo Pontífice. Nunca había pensado ni deseado semejante carga y responsabilidad. De ahí que “cuando, lentamente, el desarrollo de las votaciones me permitió comprender que, por decirlo así, la guillotina caería sobre mí, me quedé desconcertado. Creía que había realizado ya la obra de toda una vida y que podía esperar terminar tranquilamente mis días. Con profunda convicción dije al Señor: ¡No me hagas esto! Tienes personas más jóvenes y mejores, que pueden afrontar esta gran tarea con un entusiasmo y una fuerza totalmente diferentes” (2).

El 19 de diciembre ya es una fecha inolvidable para nuestra generación, para nuestra gente, esa que ronda entre los 20 y los 60 años; esos que han estado en el Paseo de la Castellana, en Montserrat, en Javier, etc., en 1982; años más tarde en Zaragoza, en Sevilla, en Colón o en Cuatro Vientos gritando Juan Pablo II te quiere todo el mundo. Esa generación que sin encomendarse a nadie hizo el petate y se plantó en Roma en 2005 para dar su último adiós a Juan Pablo II el Grande.

Benedicto XVI lo proclamó el día 19 “venerable” tras aprobar con su firma el decreto por el que se reconoce que el Siervo de Dios Karol Wojtyla vivió en grado heroico las virtudes. Esto supone el primer paso hacia los altares del Pontífice polaco. El decreto fue aprobado durante la audiencia que concedió en el Vaticano al prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, el arzobispo Angelo Amato, S.D.B., prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

La firma del decreto no supone la inmediata beatificación de Karol Wojtyla, ya que todavía falta la aprobación por parte de Benedicto XVI del milagro que lleve a la proclamación como beato de su antecesor. No obstante, es el inicio de un proceso que ya tiene fecha dada la antelación con que hay que trabajar por la logística que acompaña. Ciertamente se necesita un milagro bien estudiado y constatado, pero era tal la seguridad moral de su santidad que bien pronto llegaron a Roma innumerables favores de gran entidad como exige un milagro.

El postulador de la causa, el sacerdote polaco Slawomir Oder, se ha inclinado entre muchos a elegir, por la curación de la monja francesa Marie Simon Pierre, que padecía Parkinson, la misma enfermedad que tenía Juan Pablo II Una vez que Benedicto XVI apruebe el milagro, sólo quedará elegir la fecha de la beatificación. Aunque las cosas de palacio van despacio, aquél “santo súbito” sigue resonando con ecos “in crescendo” en los oídos de tantos hombres cristianos o no que le admiraron en vida y después de su muerte como lo demuestran las largas colas de personas que pasan cada día por su tumba en Roma.

El proceso que llevará a Juan Pablo II a los altares el próximo 16 de octubre, se abrió el 28 de junio de 2005 y comenzó en Roma, ciudad en la que murió y de la que fue su obispo durante 26 años y medio. La causa de beatificación se abrió por deseo de Benedicto XVI sin esperar a que transcurrieran cinco años de su muerte, como establece el Código de Derecho Canónico. El anuncio fue acogido con gran alegría en el mundo católico, donde aún sigue vivo el grito “súbito santo” (santo ya) que decenas de miles de personas corearon el 7 de abril en la plaza de San Pedro del Vaticano durante los funerales de Juan Pablo “el Grande”, como ya se le conoce.


Pedro Beteta
Doctor en Teología y en Bioquímica

Nota al pie:

1. Homilía del Card. Ratzinger en la Misa de Exequias del difunto Pontífice Romano Juan Pablo II, en la Plaza de San Pedro el 8 de abril de 2005.
2. Ibídem.