viernes, 15 de mayo de 2009

¿Celibato? ¡Andaaaä!.....

Hugo Luis Daher

Diego Rojas y Bruno Lázaro en la nota el día 30/04/09 de la revista digital VEINTITRES, actual ElArgentino.com, comienzan diciendo: “Son tiempos de deliberación y debate en el interior de la Iglesia Católica”. Esta afirmación habla de una ignorancia tremenda acerca de la Iglesia en cuestión o en su defecto de la intención de confundir a la opinión pública.

Dentro de la Iglesia Católica no hay actualmente ningún debate sobre la castidad, en realidad el tema quiere ser instalado por algunos medios de prensa desde ya hace unos años (sobre todo prensa amarilla y alguna que otra mediocremente reaccionaria). Esto obedece a una clara distorsión de la realidad que vivimos. Realidad torcida que algunos quieren asumirla como lo debido, lo correcto, lo que está bien. Para estos no se trata de ser castos o no, ser fieles o no, ser de palabra o no, ser honestos o no, tratan de justificar a la medida de sus conductas, procederes y actitudes, que se deslizan por los grises, traicionando sus propias convicciones de las cuales no pocas se expresaron públicamente.

Hoy en dia el tema preocupante para la sociedad es la caída y tergiversación de los valores.

Dicen muchos curitas de la nota que el problema para ellos es enamorarse y la verdad que en este sentido expresan regresiones adolescentes o fijaciones de la etapa de “latencia” (diría S. Freíd). El enamoramiento puede ser un disparador en cualquier edad o etapa psicológica y bajo cualquier condición de vida que la persona haya encarado o no.

Desde este enamoramiento expresan una rebelión hacia la Iglesia que evidentemente para ellos, cito nuevamente a S. Freíd, será el súper yo que los condiciona a vivir castos y los reprime de “saborear los frutos del árbol prohibido”.

Bueno, con esta manera de ver las cosas justificamos, justificamos y justificamos cayendo precipitadamente en un anarquismo moral donde todo vale porque todo me lo permito en nombre del propio deseo: puro hedonismo que suena a puro egoísmo y que lleva a ver todas las cosas y las personas como objeto del propio placer.

Todo esto denota, con demás evidencia, la poca sociabilización, la poca solidaridad, la poca fraternidad y por lo tanto una tremenda pobreza existencial, ya que las personas nos realizamos en relación con el otro. Así pues lo demuestran las relaciones entre padres e hijos, entre hijos, entre amigos, compañeros, con el ser amado, etc.

Insisto, el problema no es la castidad obligatoria de curas o monjas y así lo demuestran las Confesiones Religiosas donde el sacerdocio y el matrimonio son compatibles, las Congregaciones guiadas por Pastores y donde no existe el sacerdocio pero si el matrimonio y finalmente mirando a nuestro alrededor vemos como se desmoronan los matrimonios, todo lo que atañe a promesas de vida está inmerso en una crisis.

Así es, la crisis de la promesa está a la orden del día porque prometimos convencidos y con convicción y muchas veces con gran celebración un proyecto de vida que se nos destartaló en el tiempo.

Sería más honesto admitir la debilidad y desaciertos que querer transformar la realidad objetiva (y por lo tanto veraz) a la visión y experiencia subjetiva.

En definitiva el problema está en nosotros, las personas, que no nos preparamos lo sufriente, no nos fortalecemos como se debe para defender lo nuestro y al no aceptarlo buscamos culpables. ¿Cómo puedo ser fiel al otro si no empiezo por ser fiel a mi mismo, a lo que creo, a lo que siento desde un principio? Esto lleva a que cualquier viento se lleve mi enamoramiento primero, mi entusiasmo original. “Cualquier ave arrebata la semilla que no hecha raíces en tierra buena”.

Quizás entre las opciones de un estado de vida la más beneficiada sea la sacerdotal y la religiosa, al menos en la Iglesia Católica, ya que hay un largo tiempo de discernimiento y formación, ayuda espiritual, profesional e infraestructura material suficiente. ¿Qué decir de los matrimonios donde el tiempo de discernimiento es el noviazgo y muchas veces este se realiza a los ponchazos y bajo condiciones totalmente desfavorables de la cultura ambiente que destroza los valores y sentimientos verdaderos, bueno, profundos y que pujan por perdurar?. Por otro lado (y válgame la comparación) los profesionales desde una opción inicial van manteniendo su vocación desde la etapa de estudio para toda una vida, formándose permanentemente, compitiendo e instalándose entre logros y fracasos en su ámbito propio.

Entonces está bien que nos saquemos la cera pero no embarremos a los demás con la propia miseria.



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